jueves, 7 de noviembre de 2013

LOS AMANTES DE TERUEL

En el siglo x111 en la ciudad los jóvenes Diego Marcilla e Isabel de Segura, descendientes de familia muy principales.
Después de muchos años de amistad, esta se convirtió en amor y Diego solicito a don Pedro segura la mano de su hija. Este, aunque estimaba la nobleza y las dotes del pretendiente, rehúso aceptar excusando su escasez de fortuna por tener hermano mayor que heredaría de su padre.
Diego no se dio por vencido y pidió un plazo de cinco años para ir a la guerra y lograr la dote necesaria para casarse con Isabel, petición que le fue concedida.
Durante su ausencia, pedro segura intento, en vano, que Isabel aceptara la mano de otro hombre, pero una vez terminados los cincos años de plazo la joven no pudo esperar mas y acepto casarse con el señor Azagra de Albarracín. Rodrigo de Azagra era un rico magnate, noble e influyente caballero Aragones del gusto del padre de Isabel.
¡Padre mío! Dijo Isabel bajando los ojos con humildad y palideciendo, al comunicarle sus padres el proyecto de aquel matrimonio que colmaba todas las apetencias de ellos, olvidas que estoy enamorada de otro hombre desde niña; siempre he soñado con casarme con el.
¿Como marsilla? Olvida tu lo que solo puede ser capricho pasajero, consentido en la niñez. ¿Desde cuando las hijas se enamoran sin la voluntad de sus padres? ¡ Desde cuando se casan sin que ellos les propongan el marido? El matrimonio brillante que te hemos buscado haría la felicidad de cualquier joven. He dado ya mi palabra a don Rodrigo.
Siempre os obedecí sumisa; mas también yo- repuso Isabel deshecha en llanto-  estoy ligada por un juramento. Podéis arrastrarme hasta la iglesia, maltratar mi cuerpo, si os place; hundirme en un claustro, si es vuestro gusto. No protestare, no diré nada; lo Hare resignada para complaceros; pero con nada lograreis que pronuncie mi laguna un si perjuro.
Ten en cuenta, hija mía – medio cariñosa la madre – que la situación de nuestra hacienda no es muy halagüeña. Casándote con don Rodrigo Azagra, noble, rico, influyente, galán y caballero, darás lustre a nuestra casa y aseguraras tu porvenir. Sabes muy bien que los marsillas están totalmente arruinados.
Poco tiempo después algunas tradiciones afirman que el mismo día de la boda, diego regreso a Teruel cargado de honores y riquezas dispuesto a desposarse con la mujer de su vida. Llego tarde. Tras conocer la triste noticia acudió al lecho de su amada y le pidió un ultimo beso que le fue negado porque ella dijo pertenecer ya a otro hombre, tras lo cual, murió a los pies de la cama de Isabel.
Enterado el señor Azagra de cuanto había ocurrido, decidió llevar el cuerpo sin vida de diego a la puerta de su casa, donde al amanecer lo descubrió su padre, don martín de Marcilla, quien después del sobresalto natural y transido de dolor, dispuso el entierro de su hijo en la iglesia de san pedro.
Durante la celebración de la liturgia, los presentes vieron llegar a una joven con su ara oculta que descubrió la cara del muerto y lo beso, quedando allí reclinada hasta que en el momento de iniciarse el entierro fueron a apartarla, pero no obedecía ruegos, y vieron que se trataba de Isabel de Segura. La joven estaba muerta.
Ante el asombro de los presentes y después de que el noble marido de Isabel contara lo ocurrido, se decidió enterrar juntos a los amantes que tan desdichados habían sido en vida.
Todo esto ocurrió en Teruel en el año 1217 siendo juez de la ciudad, don domingo celadas. Los restos de los amantes fueron encontrados en el año 1553 en la iglesia de san pedro y vueltos a enterrar después en la capilla de San Cosme y San Damián. En 1619 fueron desenterrados de nuevo y desde entonces se han exhibido al publico en diversas ubicaciones. La ultima, en el mausoleo de la plaza donde se rinde homenajes a diego Marcilla y Isabel de segura

Estos hechos se rememoran en la ciudad de Teruel cada San Valentín por medio de las fiestas medievales con ritos históricos, se representa, por sus conciudadanos, en las calles de Teruel, el acontecimiento
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