lunes, 12 de enero de 2015

¿COMO SABER SI MI FAMILIA ES DESTRUCTIVA?


Conocemos a familias que asfixian a sus miembros,  que los reducen hasta hacerlos seres realmente infelices. Son aquellas donde hay: rigidez de normas o ausencia  total de ellas,  maltratos físicos, verbales y psicológicos a sus miembros, entre otras. Si indagáramos el  por qué un padre o una madre se comportan así con los hijos, descubrimos que también fueron agredidos, en mayor o menor medida. 
Entonces, se requiere trabajo interno, lucha para superar esa condición que los convierte  en máquinas generadoras de infelicidad. Los hijos que crecen en este ambiente, reproducen el patrón. Las mujeres se buscan a una pareja agresora,  maltratadora o son ellas quienes maltratan al hombre. Igual ocurre con el varón,   es un agresor activo o  pasivo que se deja manipular y agredir. Los hijos que crecen en este ambiente vuelven a repetir el patrón de crianza y el círculo continúa su giro.
Por esa razón, se hace necesario  observarse,   para detener esa cadena y liberarse de  ataduras.  Darse cuenta por qué atrajimos a personas agresivas a nuestra vida, dónde nos estamos agrediendo nosotros mismos,  para  comenzar la sanación. En la medida en que nos sanemos, sanan los demás, ya no hay agresores ni agredidos. 
Como profesora de preescolar atendí durante 25 años a cientos de niños maltratados, agredidos, llenos de dolor por el trato que recibían de sus padres y familiares. Ayudarlos a subir el autoestima es fundamental, orientar a los padres para que cambien los patrones de crianza es otra de las funciones del docente.

La mayoría de personas hemos sufrido o vivido en estas condiciones de dolor, lo que nos ha llevado formar hogares igualmente destructivos. También ocurre que quienes  viven esas situaciones en su infancia, pierden la fuente natural de  su felicidad genuina y la sustituyen por una externa, se convierten en adictos a algo, como: comida,  internet,  teléfono,  trabajo, alcohol, sexo, drogas, entre otros. Es por esto que debemos atender a los niños que son maltratados e “intervenir” a  sus familias para ayudarlos a “aprender” a tener  una convivencia sana. En este sentido,  los maestros en las escuelas deberían trabajar en coordinación con los organismos de protección infantil y así minimizar esta problemática.
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