sábado, 7 de mayo de 2016

CAFÉ, RISAS Y BUENAS AMIGAS ¿EXISTE ALGO MEJOR?


Más allá de los beneficios de la bebida en sí, todo el ritual de tomar café con nuestras amistades nos ayuda a liberarnos, desestresarnos y a acumular vivencias positivas.
Pocos momentos son tan gratos y complacientes como ese instante en que nos reunimos con los amigos y nos tomamos una buena taza de café o té. Cualquier problema se vuelve liviano al poco tiempo.
Lo creamos o no, la toma de esa taza de café o té no deja de ser un ritual muy arraigado en nuestra cultura, del que nuestras emociones y nuestro cerebro obtienen grandes beneficios.
Si nunca te habías detenido a pensar en ello, te los detallamos en este artículo, invitándote a que nunca dejes de practicar ese sano ejercicio de combinar tres  ingredientes maravillosos: café, risas y buenas amigas.
El componente social del café
El café es una bebida estimulante con siglos de antigüedad y mágica tradición que forma parte de nuestra cotidianidad y a la que no deberíamos renunciar.
En nuestro espacio te hablamos muy a menudo de todo lo que puede hacer por nosotros: potencia nuestras capacidades cognitivas, nos despeja por la mañana, nos ofrece energía y, además, cuida de nuestra salud hepática.

No obstante, es muy posible que hasta el momento nunca hayas descubierto el curioso  “componente social” de esta bebida de negro corazón que tanto adoramos. Te lo revelamos.


Una bebida caliente y una buena compañía
Pongamos un ejemplo. Acabamos nuestra jornada de trabajo y no ha sido precisamente buena. El estrés, las preocupaciones y los nervios se traducen en un exceso de cortisol, norepinefrina y noradrenalina en sangre que alteran muchas de nuestras funciones básicas.
El corazón está acelerado, tenemos dolor de estómago, cansancio y cierto embotamiento mental. Ahora bien, antes de ir a casa nos llama una amiga y quedamos para tomar algo en una cafetería.
Pedimos un café y poco a poco iniciamos una grata conversación. Toda bebida caliente ejerce un efecto calmante en nuestro organismo, se relajan los nervios y nuestra respiración. El dolor de cabeza se alivia.
A su vez, el café, al igual que el té son estimulantes suaves. Su efecto activador nos va a permitir comunicarnos mucho mejor con esa amiga. De este modo, y casi sin que nos demos cuenta, empezaremos a contarle nuestras preocupaciones.
La bebida caliente relaja los músculos, pero la cafeína estimula nuestra mente para estar más receptivos, comunicativos y abiertos a las emociones positivas.
Por ello, en cuanto aparecen las primeras risas compartidas con nuestras amistades, el poder de las endorfinas se ocupa del resto del trabajo: empezamos a sentirnos mejor y los problemas se relativizan.
Café y amistades: un modo de estar “presentes”
Vivimos en un mundo acelerado que siempre demanda más de nosotros mismos. Estamos más centrados en lo que debemos hacer dentro de una hora o mañana que en lo que estamos haciendo en este mismo instante.
El ritual del café es un ejercicio terapéutico que nos permite “estar presentes”. No importa nada más; nos permitimos disfrutar de la bebida, la conversación, la compañía y de las risas.
Es importante tenerlo en cuenta.


 El poder de los anclajes emocionales
Este dato es interesante. Los anclajes emocionales son momentos puntuales que nuestro cerebro cataloga como positivos y enriquecedores para guardar en nuestra memoria, para que nos sean de ayuda en instantes de dificultad.
Pongamos otro ejemplo. Acabamos de pasar un rato maravilloso con nuestras amigas tomando un café. Hemos hablado de todo: hemos reído, llorado y nos hemos dado buenos consejos.
Todo ese cúmulo de emociones son huellas que se quedan en nuestro cerebro creando anclajes, creando momentos que podemos recuperar el día de mañana cuando las cosas no nos vayan bien.
Bastará con recordar esos consejos, esos instantes que siempre merece la pena repetir, porque es ahí donde se inscribe la felicidad más sencilla, más enriquecedora y útil.
Los buenos momentos tienen más poder que los malos instantes
Aunque nos parezca lo contrario, el hecho de “almacenar” buenos y gratos momentos nos ayudan a combatir los malos. El cerebro prefiere integrar aspectos positivos antes que los negativos, porque todo ello nos va a ayudar a adaptarnos mejor y a avanzar de forma más eficaz.
Lo malo nos encalla y nos atrapa. Por ello, siempre es recomendable aceptar todo fracaso, pérdida o error, para, después, intentar seguir adelante evitando que esa sombra oscura nos abrace durante mucho tiempo.
Algo tan sencillo y positivo como cada día quedar con las amistades durante un rato para tomar un café y hablar de las cosas del día se alza como uno de los mejores ejercicios para la mente y el corazón que podamos practicar.


Todo ello se quedará en nuestro baúl de las experiencias positivas, ahí de donde sacar ánimos, fuerzas y energías cunado las cosas no vayan precisamente bien.

Así que dinos… ¿ya has quedado hoy con tus amistades para tomar un café?
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