martes, 23 de junio de 2009

EL ELEFANTE


En todos los juicios que yo hago sobre ti, hay un juicio sobre mí mismo… Y ambos son igualmente ciertos o falsos. Mientras piense que yo estoy en posesión de la verdad y tú no lo estás, crearé separación, desigualdad y estableceré las bases para que el sufrimiento se instale en mi vida. Lo mismo ocurre si pienso que tú posees la verdad y yo no.

La realidad es que ambos poseemos una parte de la verdad y una parte de ilusión. Los dos miramos al mismo elefante, pero tú ves la cola y yo veo el tronco. Cuando se mira por separado, la cola y el tronco parecen que no tienen nada en común. Sólo cuando se ve la totalidad del elefante es cuando la cola y el tronco unidos, cobran sentido. No importa cuanto me esfuerce, me es imposible ver el significado de tu parte. La cola no comprende ni el porqué, ni la razón del tronco. La única forma en la que admitiré tu experiencia es aceptarla como cierta, de la misma manera que acepto la mía como tal.

Debo dar la misma credibilidad a tus percepciones que a las mías. Hasta que no establezcamos esta igualdad, la semilla del conflicto permanecerá entre nosotros. No es necesario que diga que tú tienes razón y que yo estoy equivocado. No necesito reemplazar mi verdad por la tuya, o vivir mi vida según tus premisas. Ni tampoco es preciso que diga que tú estás equivocado y que insista en que debes vivir tu vida según mis condiciones. Estas exigencias provienen de la inseguridad y de la falsa creencia de que, para amarnos los unos a los otros, debemos estar de acuerdo. No es cierto.


Para amarte debo aceptarte tal y como eres. Es lo único que debo hacer. ¡Pero eso es mucho! Aceptarte a ti tal y como eres, es una proposición tan profunda, como aceptarme a mí mismo tal y como soy. Es una tarea formidable, dada mi poca experiencia en este campo.

Permitir que tengas tu experiencia es el principio. Aprendo a respetar lo que piensas y sientes incluso cuando no me gusta o no estoy de acuerdo con ello. Incluso aunque me disguste.
En lugar de hacerte responsable del dolor que siento en relación a ti, aprendo a enfrentarme a mi propio dolor. Mi reacción a tu experiencia -positiva o negativa- me proporciona información sobre mí mismo.

El compromiso conmigo mismo y contigo es trabajar con mi propio dolor, no responsabilizarte a ti de él.

Sólo cuando te devuelva el don de tu propia experiencia, sin imponerte mis propios pensamientos y sentimientos sobre ella, te amaré sin condiciones.

Cuando acepte tu experiencia tal cual es, sin sentir la necesidad de cambiarla, te respetaré y te trataré como a un ser espiritual.

Mis pensamientos y sentimientos tienen importancia en sí mismos, pero no como comentarios o acusaciones a tu experiencia. Al comunicar lo que pienso o siento sin hacerte responsable de mis pensamientos y sentimientos, acepto mi propia experiencia y permito que tú tengas la tuya.
En las relaciones, al igual que en la conciencia, las dos caras de la moneda deben ser aceptadas como iguales. Una persona no superará el conflicto hasta que la experiencia de ambas haya sido respetada.

La cuestión no es nunca el acuerdo, aunque lo parezca. La cuestión es: ¿Somos capaces de respetar nuestra experiencia mutuamente?

Cuando sentimos que la otra persona nos acepta tal y como somos, tenemos la motivación para adaptarnos el uno al otro. Adaptarse es hacerle al otro un lugar junto a nosotros; es no imponerse ni que se nos impongan.

Una vez que se llega a la adaptación, ambas partes moran juntas. El hombre y la mujer, el blanco con el negro, el rico con el pobre, los judíos con los musulmanes. Aceptar nuestras diferencias es honrar la humanidad que tenemos en común, es bendecir mutua y profundamente la experiencia que compartimos.

De modo que la cola y el tronco discutirán hasta ponerse morados y ninguno de los dos ganará la discusión. Ambas experiencias son igualmente válidas. Al permitir que esto sea posible, el elefante empieza a cobrar forma. Al aceptar la validez de tu experiencia sin intentar cambiarla, sin intentar que sea algo más parecida a la mía, mi propia experiencia empezará a adquirir un mayor significado. Cuando te contemplo como a un igual y no como a alguien que precisa ser educado, reformado o determinado, el significado de nuestra relación se revela por sí mismo. Cuando se le da la bienvenida a cada parte, el todo empieza a tomar forma y resulta más fácil comprender y apreciar el significado de las partes.

Un mundo que pretende conseguir un acuerdo, encontrará conflicto y sectarismo. Un mundo que proporciona un espacio seguro a la diversidad, encontrará la unidad esencial para convertirse en entero. Frente a los opuestos tenemos dos opciones: resistirlos o abrazarlos. Si los resistimos, provocaremos un conflicto entre el yo y el otro. Si los aceptamos, los integraremos como agentes dinámicos y originaremos una transformación alquímica en el interior del yo.

EL ELEFANTE ENTERO Del libro El Despertar de Paul Ferrini

lunes, 22 de junio de 2009

¿DONDE ESTAN LOS MILAGROS?


¿Dónde están los milagros? Preguntan los hombres y mujeres de hoy, que van buscando por el mundo, pruebas del infinito amor de Dios. ¿Dónde los estamos buscando, si somos el Milagro más grande de la creación?...

El milagro de abrir los ojos a un nuevo día, el tener la oportunidad de hacer de tu vida lo que quieras hoy, el sentirte vivo a pesar de cualquier momento asumido, el ser capaces de sentir los latidos que da sin parar el corazón.

Basta creer, no perder nunca la fe, ser capaces de ver más allá, tener esa capacidad de asombro que nos ayuda a disfrutar de la magia que nos ofrece la naturaleza y toda la grandeza que en nosotros a semejanza de Dios, hay.

Cuando se es niño, se cree en los sueños, la magia y la fantasía, tenemos la certeza que Dios todo lo puede y que si luchamos por ello, nuestras ilusiones se pueden hacer realidad; a medida que pasa el tiempo y vamos creciendo, los momentos fantásticos se volverán cada vez más cortos; sin darnos cuenta, nos olvidamos de muchas cosas y dejamos de creer en casi todo.

Hay quienes consideran que en las personas con discapacidades no existe la perfección de Dios; ¡qué ciegos son, aún teniendo ojos que ven!, porque no logran comprender, que en lo más pequeño y aparentemente imperfecto, ahí es donde se dan tantos milagros que a todo aquel que lo descubra le ha de sorprender.

¿Quién no logra asombrarse cuando ve a un ser humano que sin manos pinta con la boca o con los pies? ¿Quién no llora de emoción, cuando descubre que alguien con alguna limitación alcanza cosas más grandes que aquellos a quién aparentemente nada les faltó? Cuando se piensa que se tiene todo, se limitan los sueños, se debilita la fe, se acaba el sentimiento de búsqueda, nada se espera, se estancan las ilusiones, se acomoda el ser.

Por eso existe en la debilidad y fragilidad, un milagro más que nos da la capacidad de llorar, de buscar, de esperar, de llamar a la puerta y tener la certeza de que seremos escuchados y se nos abrirá.

Muchos están a la espera de un milagro: una sanación, un empleo, una conversión; y cuando no se da lo que tanto pedimos, así como lo esperamos, nos sentimos frustrados, creemos que Dios no nos ha escuchado o nos ha abandonado.

No siempre los milagros suceden como los anhelamos, quizás nos vienen de otra forma y ni cuenta nos damos; no podemos permitir que nada nos quebrante la fe, estamos vivos hoy, y mientras eso pase, muchas cosas suceden y otros más están por suceder; por eso, no dejemos de pedir y mucho menos, de agradecer.

sábado, 20 de junio de 2009

ABUELO Y NIETO SE GRADÚAN JUNTOS




Un taiwanés de 96 años se graduó con un doctorado el mismo día que su nieto.

Chao Muhe, de 96 años y su nieto Zhao Shuangzhan, de 32, empezaron y terminaron sus estudios al mismo tiempo aunque en distintas universidades. Según explicó Chao, su nieto no se esforzaba lo suficiente en sus estudios, así que cuando Zhao entró a la Universidad su abuelo también se anotó para darle el ejemplo.

El abuelo se doctoró en Filosofía sin haber faltado ni un día a clases a pesar de tener que levantarse a las cinco de la mañana y tomar varios buses. Con setenta años más que el resto de sus compañeros sostiene que nunca se sintió fuera de lugar.

Chao reconoció que muchas veces tenía que estudiar toda la noche para poder estar al nivel de sus compañeros más jóvenes. El profesor Chen Dezhi, tutor de Chao en su tesis explicó que "su sed de conocimiento ha sido una inspiración para los demás estudiantes".

TATUAJES HORRENDOS: REPUGNANTES Y ETERNOS




Hay tatuajes mejores y tatuajes peores. Si Ud. es un padre tratando de evitar que su hijo se tatúe, esta página le llegó en el momento justo.

Empecemos simplemente con un tatuaje feo. Es feo. Está mal hecho. No hay forma de ponerle buena voluntad. Punto. El que lo hizo es un irresponsable y el que permitió que usaran su cuerpo para ese garabato es un idiota.

Hay otros que o bien son una falta de respeto a la piel o conllevan un significado cósmico que uno no logra descifrar.

Imagínese por un segundo que Ud. quiere parecer más peligroso para impresionar a chicas que no recibieron suficientes nutrientes durante su infancia. Decide entonces tatuarse un animal feroz. Digamos un puma. Y le hacen esto. Es para ponerse triste. Más triste que el puma. ¿Qué le pasa a ese puma? ¿Por qué está triste? ¿Eh?

Pero por supuesto también hay gente que quiere dejar constancia en su piel de su sorprendente creatividad. Alguien por ejemplo que dice "quiero tatuarme un pito. Un pito que tenga culito y que del culito le salga otro pito. Y así sucesivamente ¿Se entenderá la idea?

Merece un capítulo aparte un tatuaje que combina el dibujo con un particular rasgo físico del poseedor. Más que un rasgo, por qué no decirlo, es un defecto. Y, como dice el refrán: si la vida te da limones, hazte una limonada.

Estas desgracias junto a otras peores -que no nos atrevemos a mostrar por miedo a ofender estómagos delicados






jueves, 18 de junio de 2009

MIEDO A LA FELICIDAD


Mucha gente tiene miedo de la felicidad.

Para esas personas, esta palabra significa cambiar una serie de hábitos y perder su propia identidad.

Muchas veces nos sentimos indignos de las cosas buenas que nos ocurren.

No las aceptamos porque, al hacerlo, tenemos la sensación de que le debemos algo a Dios.


Pensamos: "Es mejor no probar el cáliz de la felicidad, porque cuando nos falte sufriremos mucho".

Por miedo a mermar, dejamos de crecer.

Por miedo a llorar, dejamos de reir.

PAULO COELHO

martes, 16 de junio de 2009

UN ADELANTO AL CIELO


Ocurrió durante un mes de voluntariado en las vacaciones de verano. Cuando llegamos a Nairobi (Kenya), nos preguntábamos cómo nosotros, inexpertos universitarios, podríamos ayudar en aquella África sucia, polvorienta y calurosa. Quizá arreglando tejados, pero no teníamos experiencia en construcción. Quizá pintando un colegio, pero no sabíamos de pintura. Lo que sí teníamos claro era nuestra intención de darnos totalmente a los demás. Sin embargo, recibiríamos mucho más de lo que logramos dar: tuvimos la suerte de entrar en contacto con el Tercer Mundo, a través de un alojamiento para niños moribundos de las Hermanas de la Caridad en Nairobi.

Todos entramos en aquella casucha, un tugurio sin muebles, con poca luz. Contrastaban las hamacas llenas de niños enfermos y lloriqueando con los limpísimos trajes talares blancos y azules de las Hermanas de la Caridad, que rebosaban alegría. Yo me quedé bloqueado, en mitad de la habitación.

Nunca había visto nada así. Mis compañeros universitarios se esparcieron por las estancias, siguiendo a distintas monjas, que requerían su asistencia.

Una hermana me preguntó en inglés:
-¿Has venido a mirar o quieres ayudar? Sorprendido por tan directa pregunta y en estado de sopor, balbuceé:

-A ayudar
-¿Ves a ese niño de allí, el del fondo que llora?

Lloraba desconsoladamente, pero sin fuerza.

-Sí, ése (le dije señalándolo).

-Bien: tómalo con cuidado y tráelo. Lo bautizamos ayer.

Lo noté con una fiebre altísima. El niño tendría un par de años.

-Ahora tómalo y dale todo el amor que puedas…
-No entiendo… -me excusé.
-Que le des todo el cariño de que seas capaz, a tu manera. -Y me dejó con el niño-

Le canté, lo besé, lo arrullé… dejó de llorar, me sonrió, se durmió. Al cabo de un rato, busqué llorando a la hermana:

-Hermana: no respira.

La monja certificó su muerte:
-Ha muerto en tus brazos… Y tú le has adelantado quince minutos con tu cariño el amor que Dios le va a dar por toda la eternidad.

Entonces entendí tantas cosas: el cielo, el amor de mis padres, el amor de Jesús, los detalles de afecto de mis amigos…

Mi viaje a Kenya supuso un antes y un después en mi vida. Ahora sé que todos tenemos “Kenyas” a nuestro alrededor para dar amor cada día.

"Y uno se pregunta: ¿De qué pueden servir los arneses sociales que nos ciñen a determinadas normas y preocupaciones mundanas cuando la verdad de la realidad aparece de tanto en tanto y nos estrella la vida de cara a la muerte con aquello que creemos ser y que no es más que una pálida parodia ante lo que verdaderamente es. ¿Qué clase de seres somos y hacia donde vamos? ¿Por qué dejar que el mundo empeore más? ¿Por qué hay que dejar que un niño en el mundo no tenga un minuto de amor?...

Miguel Angel Arcel

sábado, 13 de junio de 2009

¡BRINDATE PARA SER FELIZ!






Si abrigas un bello pensamiento no te quedes con él, manifiéstalo.


Si quieres pedir perdón y decirle a esa persona que la quieres, hazlo.


Si tienes oportunidad de componer un poema, escríbelo y obsequialo.


Si deseas cantar una canción, cántala y sé feliz.


Si unas lágrimas asoman a tus ojos, déjalas brotar y desahógate.


Si te viene el deseo de reír, ríe y contagia tu alegría.


Si ansías tener algo y puedes poseerlo, adquiérelo y disfrútalo.


Si puedes brindar ayuda a un semejante, dala toda y no te limites.


Si vas a dar un consejo, mejor sugiere, para no equivocarte.


Si tienes animales no los maltrates, protégelos.


Si anhelas un mundo más hermoso, cuida la naturaleza.


Si hay un niño a quien puedes educar, cuídalo hasta hacerlo hombre.


Si tienes sueños, hazlos realidad esforzándote más y siendo digno.


Si en verdad quieres ser feliz, no te quedes con las ganas y:


Sé auténtico!



Sé natural!



Sé sincero!



Sé bondadoso! y...



Bríndate para que seas feliz!




Desconozco su autor