domingo, 5 de diciembre de 2010

COMO BAILAR BAJO LA LLUVIA



Era una mañana agitada, eran las 8:30, cuando un señor mayor de unos 80 años, llegó al hospital para que le sacaran los puntos de su pulgar. El señor dijo que estaba apurado y que tenía una cita a las 9:00 am.

Comprobé sus señales vitales y le pedí que tomara asiento, sabiendo que quizás pasaría más de una hora antes de que alguien pudiera atenderlo. Lo ví mirando su reloj y decidí, que ya que no estaba ocupado con otro paciente, podría examinar su herida. Durante el examen, comprobé que estaba curado, entonces le pedí a uno de los doctores, algunos elementos para quitarle las suturas y curar su herida.

Mientras le realizaba las curaciones, le pregunté si tenía una cita con otro médico esa mañana, ya que lo veía tan apurado.

El señor me dijo que no, que necesitaba ir al geríatrico para desayunar con su esposa. Le pregunté sobre la salud de ella.

El me respondió que ella hacía tiempo que estaba allí ya que pacedía de Alzheimer.

Le pregunté si ella se enfadaría si llegaba un poco tarde.

Me respondió que hacia tiempo que ella no sabía quien era él, que hacía cinco años que ella no podía ya reconocerlo.

Me sorprendió, y entonces le pregunté, 'Y usted sigue llendo cada mañana, aun cuando ella no sabe quien es usted?'

El sonrió y me acarició la mano 'Ella no sabe quien soy, pero yo aún se quien es ella.'

Se me erizó la piel, y tuve que contener las lágrimas mientras él se iba, y pensé,

'Ese es el tipo de Amor que quiero en mi Vida.'

El Amor Verdadero no es físico, ni romántico.

El Amor Verdadero es la aceptación de todo lo que es, ha sido, será y no será.

La gente más feliz no necesariamente tiene lo mejor de todo; ellos sólo hacen todo, lo mejor que pueden.

'La vida no se trata de cómo sobrevivir a una tempestad, sino cómo bailar bajo la lluvia.

OSO EN EL PUENTE DONNER


Este Puente está en la vieja autopista “Donner”. Tiene una vista espectacular del lago y del camino.
Era un sábado por la tarde cuando un oso estaba caminando por la orilla del puente, dos carros que también pasaban lo espantaron, cayéndose por un costado, pero alcanzó a sostenerse del arco del mismo.


No podía ni salirse ni saltar.

Las autoridades pensaron que ya nada se podía hacer porque ya era tarde, entonces cuando regresaron para venir a encontrar al oso durmiendo muy tranquilo donde estaba atrapado.
 


Despues de asegurar una red debajo del puente, le aplicaron un tranquilizante. El oso  cayó en la red, lo bajaron, se despertó y caminó.

Hay una moraleja en esta historia:  Puede ser que este oso haya hecho un movimiento equivocado y encontrarse colgando de sus uñas. De alguna manera se las arregló para ponerse en el arco del puente, donde se dió cuenta que estaba en una mala, pero muy mala e imposible situación ¿Qué fue lo que hizo? ¡Hey! Se tomó una siesta. Y  la situación se le compuso sola mientras él  dormía.
CONCLUSIÓN:

Relájate Tómate una descanso y deja al Universo hacer el trabajo!

viernes, 3 de diciembre de 2010

UNA FLOR EN EL PELO



Ella siempre usaba una flor en el pelo. Siempre. En general, me parecía que estaba fuera de lugar. ¿Una flor a mediodía? ¿En la oficina? ¿Para ir a una reunión de profesionales?


Era aspirante a diseñadora gráfica en la empresa donde yo trabajaba. Todos los días entraba en la oficina, decorada en un seco estilo ultramoderno, con una flor en el pelo, que le llegaba a los hombros. Casi siempre, su color combinaba con el de su atuendo, por lo demás adecuado. Lucía como una pequeña sombrilla de colores vívidos, prendida al gran telón de fondo que formaban sus ondas morenas.

En ocasiones (cuando celebrábamos la Navidad, por ejemplo) esa flor añadía un toque festivo que resultaba adecuado. Pero en el trabajo parecía fuera de lugar. Las mujeres más profesionales de la oficina estaban prácticamente indignadas; opinaban que alguien debía llevarla aparte e informarle cuáles eran las reglas para que te tomen en serio en el mundo de los negocios. Otras, incluida yo misma, lo veíamos como un simple capricho personal; en la intimidad la llamábamos la florida. -¿La florida ya terminó el diseño preliminar del proyecto para Wal-Mart?-preguntaba una, con una sonrisita aviesa.

-Por supuesto. Hizo un trabajo estupendo. La verdad es que la muchacha está floreciente-podía ser la respuesta, con mucho aire de superioridad y diversión compartida. Por entonces, esas bromas nos parecían inocentes. Que yo supiera, nadie había preguntado a la joven por qué llevaba una flor a la oficina día a día. En realidad, probablemente habría sido más fácil interrogarla si algún día se hubiera presentado sin ella. Y un día, así fue. Cuando entró en mi oficina con su proyecto, me extrañé:

-Veo que hoy no se ha puesto ninguna flor en el pelo. Estoy tan acostumbrada a vérsela que es como si le faltara algo.

-Oh!, sí- respondió, en tono bastante sombrío. Eso contrastaba con su personalidad, habitualmente alegre y animosa. La pesada pausa siguiente me instó a preguntar:

-¿Se siente bien? Aunque esperaba que respondiera que sí, sabía intuitivamente que eso encerraba algo más importante.

-Bueno- musitó, con las facciones abrumadas de recuerdo y dolor-, hoy es el aniversario de la muerte de mi madre. La extraño mucho. Creo que me siento algo triste.

-Comprendo -dije. Me inspiraba compasión, pero no quería meterme en terrenos emotivos:

-Supongo que le cuesta hablar del tema. Mi parte empresarial ansiaba que ella lo confirmara, pero en el fondo sabía que eso entrañaba algo más.

-No, no, está bien. Sé que hoy estoy demasiado sensible. Para mi es un día de duelo, ¿comprende? Y comenzó a contarme su caso.

- Mi madre sabía que el cáncer la estaba matando. Cuando murió yo tenía quince años. Éramos muy unidas. Ella estaba llena de generosidad, de amor. Como sabía que iba a morir, me grabó un mensaje para cada cumpleaños, desde los dieciséis hasta los veinticinco. Hoy cumplo los veinticinco años. Esta mañana vi el video que preparó para este día. Creo que todavía lo estoy digiriendo. ¡Y cómo me gustaría tenerla conmigo!

-Bueno, créame que la acompaño en su sentimiento -dije, con total sinceridad.

-Gracias, por ser tan buena -replicó- Ah, con respecto a la flor...Cuando yo era

chica mamá solía ponerme flores en el pelo. Un día, estando ella internada, le llevé una bella rosa de su jardín. Cuando se la acerqué a la nariz para que percibiera el perfume, ella la tomó y, sin decir palabra, me apartó la melena de la cara y me la puso en el pelo, como cuando era chiquita. Murió ese mismo día.

Los ojos se le llenaron de lágrimas.

-Desde entonces siempre uso una flor en el pelo. Es como si ella me acompañara, aunque sólo sea en espíritu -suspiró- Pero hoy vi el video que preparó para este cumpleaños; me decía que lamentaba no poder verme crecer y que esperaba haber sido buena madre. Y que le gustaría recibir alguna señal indicativa de que yo podía bastarme sola. Así pensaba mi madre; así hablaba. -sonrió con afecto ante el recuerdo. -Era muy sabia. Asentí con la cabeza.

-Así parece, en efecto.

-Y yo pensé: ¿cuál podría ser esa señal? Entonces me pareció que debía dejar de ponerme la flor. Pero echo de menos lo que representaba. Sus ojos de avellana se perdieron en recuerdos.

-Fue una gran suerte tener una madre como ella. Pero no necesito usar una flor para recordarla. En realidad, lo sé perfectamente. Era sólo un signo exterior de mis atesorados recuerdos. Me siguen acompañando, aunque no use la flor. Pero la voy a extrañar... Ah, aquí está el proyecto. Espero que le guste.

Me entregó la carpeta pulcramente preparada, firmada y con su marca distintiva: una flor dibujada a mano bajo el nombre.

Recuerdo haber oído decir, cuando era joven: "Nunca juzgues a otra persona sin haber caminado un kilómetro con sus zapatos". Pensé en las veces que había criticado sin ninguna sensibilidad a esa joven de la flor en el pelo.

Era trágico que lo hubiera hecho sin estar informada, sin conocer la historia de la muchacha y la cruz que debía soportar. Si me enorgullecía de conocer cada faceta de mi empresa, por intrincada que fuera, de saber con exactitud cómo se coordinaban las distintas funciones, ¿no era trágico haber adoptado la idea de que la vida personal no tenía nada que ver con la profesión? ¡Pensar que cada uno debía dejar sus cosas privadas a la puerta cuando entraba en la oficina!

Ese día supe que la flor en el pelo simbolizaba el don del amor de esa muchacha, su manera de mantenerse en contacto con la madre perdida cuando era tan jovencita.

Al estudiar el proyecto que me había entregado, me sentí honrada por tratar con alguien tan profundo, con tal capacidad de sentir...de ser. Se explicaba que su trabajo fuera siempre excelente. Vivía dentro de su corazón. Y me obligó a visitar nuevamente el mío.

Bettie B. Youngs

jueves, 2 de diciembre de 2010

PATO O AGUILA TU DECIDES...



Rodrigo estaba haciendo fila para poder ir al aeropuerto. Cuando un taxista se acercó, lo primero que notó fue que el taxi estaba limpio y brillante. El chofer bien vestido con una camisa blanca, corbata negra y pantalones negros muy bien planchados, el taxista salio del auto dio la vuelta y le abrió la puerta trasera
del taxi.

Le alcanzo un cartón plastificado y le dijo: yo soy Willy, su chofer. Mientras pongo su maleta en el portaequipaje me gustaría que lea mi Misión.

Después de sentarse, Rodrigo leyó la tarjeta: Misión de Willy: “Hacer llegar a mis clientes a su destino final de la manera mas rápida, segura y económica posible brindándole un ambiente amigable”

Rodrigo quedo impactado. Especialmente cuando se dio cuenta que el interior del taxi estaba igual que el exterior, ¡¡limpio sin una mancha!!

Mientras se acomodaba detrás del volante Willy le dijo, “Le gustaría un café?

Tengo unos termos con café regular y descafeinado”. Rodrigo bromeando le dijo:

“No, preferiría un refresco” Willy sonrío y dijo: “No hay problema tengo un hielera con refresco de Cola regular y dietética, agua y jugo de naranja”. Casi tartamudeando Rodrigo le dijo: “Tomare la Cola dietética”

Pasándole su bebida, Willy le dijo, “Si desea usted algo para leer, tengo el Reforma, Esto, Novedades y Selecciones…”

Al comenzar el viaje, Willy le paso a Rodrigo otro cartón plastificado, “Estas son las estaciones de radio que tengo y la lista de canciones que tocan, si quiere escuchar la radio”

Y como si esto no fuera demasiado, Willy le dijo que tenia el aire acondicionado prendido y preguntó si la temperatura estaba bien para él. Luego le avisó cual seria la mejor ruta a su destino a esta hora del día. También le hizo conocer que estaría contento de conversar con él o, si prefería lo dejaría solo en sus
meditaciones. ...

“Dime Willy, -le pregunto asombrado Rodrigo- siempre has atendido a tus clientes así?”

Willy sonrió a través del espejo retrovisor. “No, no siempre. De hecho solamente los dos últimos dos años. Mis primero cinco años manejando los gaste la mayor parte del tiempo quejándome igual que el resto de los taxistas. Un día escuche en la radio acerca del Dr. Dyer un “Gurú” del desarrollo personal. El acababa
de escribir un libro llamado “Tú lo obtendrás cuando creas en ello”. Dyer decía que si tu te levantas en la mañana esperando tener un mal día, seguro que lo tendrás, muy rara vez no se te cumplirá. El decía: Deja de quejarte. Se diferente de tu competencia. No seas un pato. Se un águila. Los patos solo hacen ruido y se quejan, las águilas se elevan por encima del grupo”.

“Esto me llego aquí, en medio de los ojos”, dijo Willy. “Dyer estaba realmente hablando de mi. Yo estaba todo el tiempo haciendo ruido y quejándome, entonces decidí cambiar mi actitud y ser un águila. Mire alrededor a los otros taxis y sus chóferes… los taxis estaban sucios, los chóferes no eran amigables y los
clientes no estaban contentos. Entonces decidí hacer algunos cambios. Uno a la vez. Cuando mis clientes respondieron bien, hice más cambios”.

“Se nota que los cambios te han pagado”, le dijo Rodrigo.

“Si, seguro que si”, le dijo Willy. “Mi primer año de águila duplique mis ingresos con respecto al año anterior. Este año posiblemente lo cuadruplique.

Usted tuvo suerte de tomar mi taxi hoy. Usualmente ya no estoy en la parada de taxis. Mis clientes hacen reservación a través de mi celular o dejan mensajes en mi contestador. Si yo no puedo servirlos consigo un amigo taxista águila confiable para que haga el servicio”.

Willy era fenomenal. Estaba haciendo el servicio de una limusina en un taxi normal.

Posiblemente haya contado esta historia a mas de cincuenta taxistas, y solamente dos tomaron la idea y la desarrollaron. Cuando voy a sus ciudades, los llamo a ellos. El resto de los taxistas hacen bulla como los patos y me cuentan todas las razones por las que no pueden hacer nada de lo que les sugería.

Willy el taxista, tomo una diferente alternativa:
El decidió dejar de hacer ruido y quejarse como los patos y volar por encima del grupo como las águilas.

No importa si trabajas en una oficina, en mantenimiento, eres maestro, Un servidor publico,"político", ejecutivo, empleado o profesionista, ¿Cómo te comportas? ¿Te dedicas a hacer ruido y a quejarte? ¿Te estás elevando por encima de los otros?

Recuerda: ES TÚ DECISIÓN Y CADA VEZ TIENES MENOS TIEMPO PARA TOMARLA

miércoles, 24 de noviembre de 2010

CUANDO EL REPROCHE LLEGA CON VENENO



Hay personas que tienen una especial habilidad para herir de palabra a sus familiares, conocidos o compañeros de trabajo.


Con ironías mordaces saben dirigir sus reproches hacia nosotros con puntería y precisión que llegan a fondo. Nos recuerdan un error del pasado, ponen ante nuestros ojos lo que hicimos o dejamos de hacer, denuncian nuestras actitudes (verdaderas o supuestas), buscan la palabra y el gesto más venenoso para humillarnos y, como a veces dicen, para ponernos en nuestro lugar.

Cuando llega el momento de sufrir por las embestidas de esas personas, surgen en nosotros sentimientos de defensa o deseos de revancha. Quisiéramos, en ocasiones, responder a la dureza con dureza, echar en cara a nuestro interlocutor los errores que también él ha cometido. Otras veces buscamos una defensa decidida, formulamos justificaciones más o menos buenas. No falta quien desea una fuga rápida: es difícil enfrentarse con quien una y otra vez nos ha humillado.

Si miramos ese tipo de situaciones desde otra perspectiva, podríamos aprovechar reproches envenenados para crecer en paciencia, humildad, comprensión, espíritu de perdón. Quizá nuestro interlocutor vive una situación difícil, y ha encontrado en mí una víctima en la que volcar sus penas (no de la mejor manera, pero así ocurrieron los hechos). O tal vez busca mi bien, aunque le falte habilidad para decir las cosas con cariño. Es posible que no perciba mínimamente el daño que produce en mi sensibilidad: hay corazones que han perdido la capacidad de medir sus actos, con o sin culpa: dejemos el juicio a Dios.

A quien sufre intensamente este tipo de situaciones queda la posibilidad de responder al mal con el bien, de preguntarse sinceramente para ver si no ha habido ocasiones en las que uno mismo ha caído en este tipo de actitudes agresivas hacia otros.

Recibir una herida puede llegar a ser, por desgracia, motivo para hundirse en el desaliento. Pero puede, si abrimos los ojos a la esperanza y descubrimos que Dios pide paciencia y mansedumbre a sus hijos, convertirse en motivo para avanzar hacia la comprensión y el perdón.

Cada uno afronta este tipo de situaciones desde la propia libertad. Aprender a hacerlo bien nos permitirá vivir con mayor paz, llevará a una curación más rápida (aunque permanezca dentro un dolor que no acaba de apagarse). Seremos entonces capaces de medir bien nuestras palabras para llenarlas con la bondad y la dulzura que quisiéramos también fuesen usadas con nosotros.

deconozco su autor

martes, 23 de noviembre de 2010

AYUDANDO A LLORAR


La niña llegó a la casa atrasada para la cena. Su madre intentaba calmar al padre nervioso mientras le pedía explicaciones sobre lo que había pasado.


La niña respondió que había parado para ayudar a Janie, su amiga, porque se había caído de la bicicleta y ésta se había roto .

- ¿Y desde cuándo sabes arreglar bicicletas? -Preguntó la mamá.

- ¡Yo no sé arreglar bicicletas! -Dijo la niña- Yo solo paré para ayudarla a llorar.

De autor desconocido

Mira, en la vida no son tantas ni tan repetidas las situaciones por las cuales hemos de poner el hombro para que alguien pueda llorar. Quizás no podremos arreglarle aquellas cosas que se han roto en su vida, pero por lo menos podemos extender los brazos para contener un poco la tristeza que desborda el corazón de una persona que sufre. No siempre debemos ser amigos para compartir las alegrías, también hemos de aprender a compartir una pena, aunque esa pena no sea nuestra, de ese modo haremos más llano el camino para la recuperación de alguien que en ese momento nos necesita. Por algo Dios nos ha puesto en el camino en el momento adecuado para la situación dada.

Y aunque ahora, quizás no lo necesites, quiero que sepas que yo te mando un abrazo grande. Gracias por recibirme ante tus ojos.

Miguel Angel Arcel