Miguel
de Unamuno es el protagonista del cronovisor de Jesús Callejo. Escritor,
periodista, autor de libros de viaje, dibujante, enamorado de la
papiroflexia... Unamuno fue un hombre transgresor en la España del cambio de
siglo. Nos acercamos a su figura y a sus inquietudes intelectuales que le
hicieron dudar y hacerse preguntas
PARA QUIENES LES GUSTAN LAS LEYENDAS, MASCOTAS, REFLEXIONES Y ALGUNA QUE OTRA CURIOSIDAD
sábado, 2 de noviembre de 2019
martes, 29 de octubre de 2019
DEBERÍAMOS VERNOS MAS Y ESCRIBIRNOS MENOS
Sí, las
nuevas tecnologías están ayudando a sobrevivir a nuestras relaciones. Sin
embargo, el que esto sea así no quiere decir que todas las consecuencias sean
buenas. Estamos dejando de vernos en pro de escribirnos y eso no lo podemos
permitir, hay que vernos más y escribirnos menos.
Los
contactos de hoy se fundamentan más en charlas a través del whatsapp que en
tazas de café compartidas. Por ende, una consecuencia directa es que estos
intercambios no suelen ser tan profundos ni tan ricos como los que establecemos
tomando un café, mirándonos a los ojos y abrazándonos en un día de frío.
Porque
una buena comunicación también se establece a través de un abrazo y reservar
tiempo para las personas que queremos no debería suponer tanto esfuerzo. Si en
verdad no tenemos tiempo, quizás deberíamos revisar nuestro día a día y nuestra
escala de prioridades.
Porque
cuidarnos y cuidar a nuestros seres queridos no deben ser elementos relegados
al final de una lista. Porque las mejores charlas no son a través de whatsapp y
porque lo verdaderamente reconfortante es, precisamente, vernos más.
Redes
sociales virtuales, enemigas de la escucha activa y de no vernos más
Aún hay
muy pocos estudios que analicen el impacto del uso (o abuso) de las redes
sociales en nuestra salud psicológica y en la creación de redes de apoyo social
estables y, por qué no decirlo, reales. No obstante, lo que se está viendo es
que hemos dejado de mirarnos a los ojos para comunicar algo importante. Que las
interrupciones son constantes en los tiempos compartidos y que estamos dejando
de practicar la escucha activa.
El
hecho de mantener una conversación por whatsapp sobre un tema importante hace
que los participantes nos perdamos mucha información importante. Datos o
reflexiones que nos van a permitir una lectura más precisa del problema, además
de mejorar la calidad del apoyo que le podemos ofrecer al otro.
A
través de las redes sociales nos perdemos en apariencias, en verdades a medias
e impresiones forzadas, restando calidad a la relación. Acabamos por no
conocernos al no vernos, por no saber leer el rostro de nuestros amigos, por no
conocer su verdadero sentir.
Aunque
la comunicación sea sincera, siempre será incompleta. Esta es otra de las
razones para vernos más y escribirnos menos. Además, este hecho no está
precisamente exento del devastador efecto acumulativo. Poco a poco, incluimos
estos hábitos comunicativos en nuestro día a día y, por ende, cada vez nos
percibimos de una manera más distorsionada.
Lo que
un día fue una opción comunicativa para todos, hoy nos está convirtiendo en
esclavos. Las personas nos apremiamos a contestar con inmediatez. No hacerlo
puede tener como consecuencia un tremendo enfado, una soporífera discusión
basada en la indignación y una desconfianza que anuda sentimientos.
El síndrome FOMO (Fear of Missing Out)
El
síndrome FOMO hace alusión al miedo a perdernos algo. Este temor responde a la
necesidad generada de estar siempre en línea, de no perdernos ninguna
actualización de lo que está sucediendo en las redes sociales.
Esto
significa que, al final, la vida de los demás es más interesante que la propia
y, por ende, más que las relaciones reales. Sus consecuencias son nefastas para
nuestro estado de ánimo porque dejamos de cuidar nuestra vida y nuestro medio
para cubrir la necesidad ficticia de controlar el entorno virtual.
Lo
cierto es que la necesidad de estar siempre conectados y pendientes de lo que
pasa en la nube nos limita a la hora de disfrutar de las personas de manera
real. La triste realidad es que, en la actualidad, el smartphone está casi
siempre presente, lo que resta calidad y calidez a la relación.
Por
eso, deberíamos tomar como tarea obligada dejar a un lado el teléfono cuando
estamos con alguien y proponer asiduamente que el contacto sea real. Porque,
como hemos dicho antes, las mejores charlas no son a través de whatsapp. Por
eso tenemos que vernos más y evitar que las redes sociales sean nuestra única
vía de contacto, pues este es un canal por el que viaja la información, pero
difícilmente la complicidad.
jueves, 24 de octubre de 2019
sábado, 19 de octubre de 2019
EGIPTO EN OCCIDENTE
Jesús
Callejo abre las puertas de su cronovisor para llevarnos a descubrir la
inspiración que ha sentido Occidente por el antiguo Egipto desde hace siglos y
especialmente desde la expedición de Napoleón en 1798. La egiptomanía ha
marcado el devenir estético de movimientos de artistas, músicos, literatos y
pensadores desde prácticamente la Antigüedad
lunes, 14 de octubre de 2019
FRIDA KAHLO
Jesús
Callejo nos lleva en su máquina del tiempo, el cronovisor, para conocer a Frida
Kahlo, mujer de pintura simbólica donde las haya. A través de sus experiencias
vitales, la pintora mexicana plasmó una realidad onírica de machacona
actualidad. Color y poesía para hablarnos de una vivencia sumida en el dolor y
experiencias traumáticas
viernes, 4 de octubre de 2019
La leyenda "El pacto del Gato con el Diablo"
Había
una vez una mujer que vivía sola con su bebé y su gato, en una casita en medio
del bosque.
Un día,
ella tenía que salir, pero estaba muy preocupada porque no quería dejar a su
bebé solo, pero tampoco podía llevárselo a donde iba. Así que miró a su mascota
y le dijo:
-Gatito
mío, por favor, cuídame a mi bebé, no tardaré en regresar-. y salió de su casa.
Al rato
de irse la mujer, se apareció el diablo en la casa y el gato, al verlo, saltó
frente a la cuna del niño sin intimidarse (porque es bien sabido que los gatos
son los únicos animales que no le temen a este ser tan maligno).
-¿Qué
es lo que quieres?-. le preguntó.
-¡Vengo
a llevarme a ese bebé!-.
-Pues
no puedes, porque lo estoy cuidando yo, dijo el gato justo antes de lamerse una
patita-.
-Insolente
animal, tú no puedes hacer nada para evitarlo-.
-Muy
bien-. dijo el gato astutamente, -te propongo algo: si adivinas cuál es el
número exacto de pelos que tengo en todo mi cuerpo, podrás llevarte al bebé.
Pero si fallas te irás y nunca más volverás a aparecer por aquí. Te daré tres
oportunidades para adivinar. ¿Hay trato? -.
El
diablo, que nunca había podido resistirse a los desafíos, aceptó, pensando que
sería fácil. Y con mucha paciencia, comenzó a contarle los pelos al gato.
-Uno…
dos… tres…- entonces un pájaro cantó en la ventana, distrayéndolo y haciéndolo
perder la cuenta-.
-Llevas
una oportunidad-. dijo el minino.
Enojado,
el diablo empezó a contar de nuevo.
-Cien...
doscientos… trescientos-…
En ese
momento, el viento entró por la ventana y agitó los pelos del gato, haciendo
que el maligno perdiese la cuenta una vez más.
-Ya
llevas dos oportunidades-. le recordó el gato.
Nervioso,
el diablo se puso a contar de nuevo, prometiéndose que ya nada lo iba a
distraer.
-Un
millón… dos millones… tres millones-…
Entonces
el gato movió suavemente la cola rozándole la nariz, y el diablo estornudó
fuertemente, haciendo que se le soltaran pelos al gato.
-Perdiste
tu última oportunidad. Ahora vete de esta casa y no vuelvas jamás-.
El
diablo se sintió tan furioso por haber perdido, que allí mismo formó un
berrinche de proporciones épicas... pero no pudo tocar al bebé, porque un trato
con el diablo siempre se cumple... por ambas partes. Eso sí, se marchó de
vuelta al infierno jurándole al gato que algún día adivinaría cuántos pelos
tenía y cuando eso ocurriera, su venganza sería terrible.
Cuando
la mujer regresó a su casa, al no saber nada de lo sucedido, besó y abrazó a su
pequeño, y agradeció con unas caricias detrás de las orejas al minino, por ser
tan buen niñero.
Es por
eso que los gatos hasta hoy en día, sueltan pelo todo el tiempo. Porque de esa
manera, el diablo nunca cumplirá su venganza al no saber cuántos pelos tienen
en realidad.
martes, 24 de septiembre de 2019
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