LEYENDAS, MASCOTAS Y ALGO MAS

A LOS QUE LES GUSTAN LAS LEYENDAS, MASCOTAS, REFLEXIONES Y ALGUNA QUE OTRA CURIOSIDAD.

miércoles 9 de diciembre de 2009

SE TOMÓ 14 AÑOS PARA HACER UN TÚNEL


Un hombre dedicó 14 años a hacer un túnel a través de la montaña equipado con una maza y un cortafierro.

Ramchandra Das, de Bihar, India, se tomó el trabajo de hacer un túnel de 4 metros de ancho a través de la piedra porque quería estacionar su camión en la puerta de la casa y la montaña interfería. "Tenía que dejar mi camión a kilómetros así que decidí hacer algo por mi propia cuenta", explicó el hombre de 53 años.

Das tenía miedo de que le robaran su vehículo ya que no podía dejarlo a la vista. Pidió ayuda a las autoridades locales pero jamás la consiguió. Los vecinos de la zona, que debían recorrer kilómetros para circundar la montaña, están agradecidos con Das. "Difícilmente uno se encuentra con alguien capaz de trabajar tan duro para conseguir lo que quiere", comentó Prabhat Kumar Jha, empleado gubernamental.

Música Medieval

martes 8 de diciembre de 2009

Lo que se va, vuelve



Cada uno de nosotros tiene una lista de personas en su vida con las que sabe que puede contar. Y para la mayoría, si no es que para todos , es bastante corta, y no se debe a que no seamos amorosos ni amistosos ni nos ocupemos de los demás.

Es porque la mayoría de nuestras relaciones existen para servirnos.

Cuando llamas a un amigo para ir al cine o para que venga a tu casa a ver un partido, no lo haces por ellos; lo haces por ti. Es cierto, quizá ellos se diviertan en el proceso, pero ese no suele ser el objetivo.

Esto es así porque en lugar de buscar personas a quienes dar, nos enfocamos en buscar a personas que puedan darnos. Así, cuando llamamos a nuestros amigos buscando a alguien con quien pasar el rato, no somos mejores que un operador de venta telefónica que nos llama durante la cena. Un vendedor telefónico quiere algo de nosotros; nosotros queremos algo de nuestros amigos.

De esta forma acabamos limitándonos a nosotros mismos pasando la mayoría de nuestro tiempo con personas que nos dan, en lugar de enfocarnos en encontrar a personas a las que podemos dar.

El problema es que a veces sentimos que necesitamos a alguien, pero en realidad no necesitamos a nadie. Nuestra energía —que significa nuestra confianza, inspiración, autoestima y fuerza— debe venir de la Fuerza de Luz del Creador, no de un ser humano. No hay nada malo en querer contacto humano, pero es mucho más poderoso tenerlo y no estar necesitados de él.

¿Has mirado alguna vez a tu alrededor y has sentido como que no entendiste a las personas en tu vida, o que ellas no te entendieron? ¿Quizá te sentiste inferior, o tal vez superior? Esto sucede porque no buscamos almas a quienes dar. Buscamos almas que nos den.

Esta semana, me gustaría retarte a que pienses sobre tus relaciones. Y no sólo a que pienses diferente, sino también a que actúes diferente.

En lugar de analizar qué obtienes de cada una de tus relaciones, hazte estas preguntas:

¿Cómo puedo ser útil para esta persona?
¿Conozco realmente cuáles son los problemas de esta persona?
¿Sabe esta persona lo que siento por ella?
¿Estoy en esta relación como una vasija (receptor) o como la Luz (dador)?
Si compartimos de la forma adecuada, siempre obtendremos algo de regreso. Ésta es la naturaleza del universo. Puede ser que no lo recibamos de forma inmediata, pero debemos saber que lo que se va, vuelve.

Y esta semana, si nos alejamos de la idea de ser un receptor y nos acercamos a ser un verdadero dador, crearemos un gran cambio, no sólo para nosotros mismos sino para el mundo entero.

Todo lo mejor,

Yehudá

Suéltalo



Cuando hacemos nuestro trabajo espiritual –compartiendo, transformándonos, compartiendo de nuevo– muchas veces tenemos la oportunidad de ayudar a otras personas a volverse más fuertes y más exitosas. Es importante recordar que aunque ellas no atribuyan su crecimiento o su éxito a nuestra contribución, no significa que no hayamos tenido éxito.

A menudo esperamos las gracias, el crédito, el reconocimiento de nuestra participación en el proceso. Lamentablemente, cuanto más esperamos, y más esperamos, en realidad más lo perdemos.

Nos confundimos acerca de lo que es nuestro y lo que no lo es. Ya se trate de nuestra carrera profesional, nuestros amigos o nuestra familia, cuando sentimos que algo es nuestro, empezamos a perderlo. Si observas el éxito verdadero, éste siempre viene sin apegos. Debe ser menos importante para nosotros cómo ven los demás nuestra contribución y es más importante cómo el universo la tiene en cuenta.

Cuanto más apego tenemos, en realidad menos obtenemos. Cuanto más control queremos, menos acabamos controlando. Cuando soltamos, no que renunciemos a nuestra responsabilidad sino cuando actuamos como un verdadero líder, dando libertad de acción al segundo y tercer nivel por debajo del nuestro, podemos hacer y lograr mucho más.

Soltar significa confiar más en el Creador. Saber que puedes llegar a más personas y compartir más si controlas menos y dominas menos, no es fácil de implementar. Esto requiere un cambio de conciencia.
El buen liderazgo viene con la confianza y la delegación de responsabilidades; eso le da poder a la gente que está detrás de ti o por debajo. Cuanto más éxito queramos tener, más necesitamos encontrar una forma de compartir parte de esa presión y ese control con la gente que está a nuestro mando, y animarles a que ellos hagan lo mismo que con los que están a su mando, y así sucesivamente.

El universo funciona de forma que un poco de todo lo que tenemos y trabajamos no puede ser para nosotros; no podemos disfrutarlo, beneficiarnos y hacer uso de esa parte. Intentar aferrarnos a todo sólo hace que las cosas se vuelvan más pequeñas.

Nada es completamente nuestro. El universo va a enseñarnos eso por el camino más duro si no lo entendemos por nosotros mismos. Y cuando se trata de esas personas –hijos, amigos, familia y compañeros de trabajo– a las que sabemos que podemos influenciar para mejor: ¿cómo podemos asegurarnos de que las lecciones que reciben de nosotros serán las adecuadas? Cuanto más soltemos y no intentemos tener el control absoluto, más podrá el universo suplementar su proceso de aprendizaje.

¿Cómo podemos asegurarnos de que esa experiencia o lección es la que necesitan experimentar? No intentando controlar todo. El universo y otras personas les enseñarán, de la misma manera que el universo nos enseña a nosotros.

Durante esta semana, pues, practica el desapego. Suelta el control. Deja que todo el mundo goce de los frutos. Cuando plantas una semilla, cien personas pueden gozar de los frutos, así que no trates de quedarte tú con todos.

Todo lo mejor,

Yehudá

domingo 6 de diciembre de 2009

INDIGENTE SATELITAL




Una mujer indigente se creó una casilla de lujo en la que tiene televisión satelital y ducha solar.

Sharon Simpson vivió en un rincón de la rotonda de Pentagon Island, en Derby, Reino Unido, por cinco meses sin que nadie notara su presencia. La madre de siete empezó por ubicarse donde pudo en una carpa en la que entraba ella sola. Actualmente su tienda tiene TV, reproductor de DVD, estufa y una ducha que se calienta con energía solar.

"La basura de unos es el tesoro de otros", explicó la señora Simpson. Tomando aquello que otros descartaban, reparando algunas cosas y muniéndose de baterías de autos que un amigo le recarga pudo equipar su casa con todo tipo de comodidades.

La mujer, sin embargo, debió mudarse cuando perdió la privacidad que le daban los arbustos circundantes. Con la llegada de las bajas temperaturas se cayeron todas las hojas y quedó muy expuesta. Así que se fue a vivir con su hermana a un departamento.

CUENTO: LA NAVIDAD Y EL INCREDULO



Erase una vez un hombre que no creía en Dios.
No tenía reparos en decir lo que pensaba de la religión y las festividades religiosas, como la Navidad. Su mujer, en cambio, era creyente a pesar de los comentarios desdeñosos de su marido.
Una Nochebuena en que estaba nevando, la esposa se disponía a llevar a los hijos al oficio navideño de la parroquia de la localidad agrícola donde vivían.
Le pidió al marido que los acompañara, pero él se negó.
-¡Qué tonterías! -arguyó-.
¿Por qué Dios se iba a rebajar a descender a la tierra adoptando la forma de hombre? ¡Qué ridículez!

Los niños y la esposa se marcharon y él se quedó en casa.
Un rato después, los vientos empezaron a soplar con mayor intensidad y se desató una ventisca.
Observando por la ventana, todo lo que aquel hombre veía era una cegadora tormenta de nieve. Y decidió relajarse sentado ante la chimenea.
Al cabo de un rato, oyó un golpazo; algo había golpeado la ventana.
Luego, oyó un segundo golpe fuerte.
Miró hacia afuera, pero no logró ver a más de unos pocos metros de distancia.
Cuando empezó a amainar la nevada, se aventuró a salir para averiguar qué había golpeado la ventana.

En un campo cercano descubrió una bandada de gansos salvajes.
Por lo visto iban camino al sur para pasar allí el invierno, y se vieron sorprendidos por la tormenta de nieve y no pudieron seguir. Perdidos, terminaron en aquella finca sin alimento ni abrigo.
Daban aletazos y volaban bajo en círculos por el campo, cegados por la borrasca, sin seguir un rumbo fijo.
El agricultor dedujo que un par de aquellas aves habían chocado con su ventana. Sintió lástima de los gansos y quiso ayudarlos.
-Sería ideal que se quedaran en el granero -pensó-.
Ahí estarán al abrigo y a salvo durante la noche mientras pasa la tormenta.

Dirigiéndose al establo, abrió las puertas de par en par.
Luego, observó y aguardó, con la esperanza de que las aves advirtieran que estaba abierto y entraran.
Los gansos, no obstante, se limitaron a revolotear dando vueltas.
No parecía que se hubieran dado cuenta siquiera de la existencia del granero y de lo que podría significar en sus circunstancias.
El hombre intentó llamar la atención de las aves, pero solo consiguió asustarlas y que se alejaran más.

Entró a la casa y salió con algo de pan. Lo fue partiendo en pedazos y dejando un rastro hasta el establo. Sin embargo, los gansos no entendieron.
El hombre empezó a sentir frustración.
Corrió tras ellos tratando de ahuyentarlos en dirección al granero.
Lo único que consiguió fue asustarlos más y que se dispersaran en todas direcciones menos hacia el granero.
Por mucho que lo intentara, no conseguía que entraran al granero, donde estarían abrigados y seguros.
-¿Por qué no me seguirán? -exclamó-
¿Es que no se dan cuenta de que ese es el único sitio donde podrán sobrevivir a la nevasca?

Reflexionando por unos instantes, cayó en la cuenta de que las aves no seguirían a un ser humano.
-Si yo fuera uno de ellos, entonces sí que podría salvarlos -dijo pensando en voz alta.
Seguidamente, se le ocurrió una idea.

Entró al establo, agarró un ganso doméstico de su propiedad y lo llevó en brazos, paseándolo entre sus congéneres salvajes. A continuación, lo soltó.
Su ganso voló entre los demás y se fue directamente al interior del establo. Una por una, las otras aves lo siguieron hasta que todas estuvieron a salvo.
El campesino se quedó en silencio por un momento, mientras las palabras que había pronunciado hacía unos instantes aún le resonaban en la cabeza:
-Si yo fuera uno de ellos, ¡entonces sí que podría salvarlos!
Reflexionó luego en lo que le había dicho a su mujer aquel día:-
¿Por qué iba Dios a querer ser como nosotros? ¡Qué ridiculez!
De pronto, todo empezó a cobrar sentido.
Entendió que eso era precisamente lo que había hecho Dios.
Diríase que nosotros éramos como aquellos gansos: estábamos ciegos, perdidos y a punto de perecer.
Dios se volvió como nosotros a fin de indicarnos el camino y, por consiguiente, salvarnos.

El agricultor llegó a la conclusión de que ese había sido ni más ni menos el objeto de la Natividad.
Cuando amainaron los vientos y cesó la cegadora nevasca, su alma quedó en quietud y meditó en tan maravillosa idea.
De pronto comprendió el sentido de la Navidad y por qué había venido Jesús a la Tierra.

Junto con aquella tormenta pasajera, se disiparon años de incredulidad.
Hincándose de rodillas en la nieve, elevó su primera plegaria:
“¡Gracias, Señor, por venir en forma humana a sacarme de la tormenta!”

QUE LA LUZ DESPIERTE EN TODOS LOS SERES QUE AUN VIVEN EN LA CEGUERA, PARA QUE EN SUS ALMAS ANIDE LA FE Y LA LUZ DE NUESTRO FIEL Y LEAL CREADOR…… QUE SIEMPRE NOS ESPERA…

QUE VUESTRA NAVIDAD SEA DESDE HOY TODOS LOS DÍAS IGUAL PUES VUESTRO CRISTO INTERNO VIVIRÁ BELLO HERMOSO Y LLENO DE FERTILIDAD, DE VOSOTROS DEPENDE EL COMPROMISO DE DAR VIDA TODOS LOS DÍAS HASTA EL FIN DE LOS FINES….

MATERIAL TOMADO DE LA WEB
DESCONOZCO SU AUTOR

viernes 4 de diciembre de 2009

Desde los afectos

¿Cómo hacerte saber que siempre hay tiempo? Que uno sólo tiene que buscarlo y dárselo. Que nadie establece normas salvo la vida.

Que la vida sin ciertas normas pierde forma. Que la forma no se pierde con abrirnos. Que abrirnos no es amar indiscriminadamente. Que no está prohibido amar. Que también se puede odiar.

Que el odio y el amor son afectos. Que la agresión porque sí, hiere mucho. Que las heridas se cierran. Que las puertas no deben cerrarse. Que la mayor puerta es el afecto. Que los afectos nos definen. Que definirse no es remar contra la corriente. Que no cuanto más fuerte se hace el trazo más se dibuja.

Que buscar un equilibrio no implica ser tibio. Que negar palabras implica abrir distancias. Que encontrarse es muy hermoso. Que el sexo forma parte de lo hermoso de la vida. Que la vida parte del sexo. Que el "por qué" de los niños tiene un por qué. Que querer saber de alguien no es sólo curiosidad. Que querer saber todo de todos es curiosidad malsana.

Que nunca está de más agradecer. Que la autodeterminación no es hacer las cosas solo. Que nadie quiere estar solo. Que para no estar solo hay que dar. Que para dar debimos recibir antes. Que para que nos den también hay que saber como pedir. Que saber pedir no es regalarse. Que regalarse es en definitiva no quererse. Que para que nos quieran debemos demostrar qué somos.

Que para que alguien sea hay que ayudarlo. Que ayudar es poder alentar y apoyar. Que adular no es ayudar. Que adular es tan pernicioso como dar vuelta la cara. Que las cosas cara a cara son honestas. Que nadie es honesto porque no roba. Que el que roba no es ladrón por placer. Que cuando no hay placer en las cosas no se está viviendo. Que para sentir la vida no hay que olvidarse que existe la muerte. Que se puede estar muerto en vida. Que se siente con el cuerpo y la mente.

Que con los oídos se escucha. Que cuesta ser sensible y no herirse. Que herirse no es desangrarse. Que para no ser heridos levantamos muros. Que quien siembra muros no recoge nada. Que casi todos somos albañiles de muros. Que sería mejor construir puentes. Que sobre ellos se va a la otra orilla y también se vuelve. Que volver no implica retroceder. Que retroceder también puede ser avanzar. Que no por mucho avanzar se amanece cerca del sol.

Cómo hacerte saber que nadie establece normas salvo la vida.

Mario Benedetti