martes, 29 de septiembre de 2009

EL CANTICO DEL ANCIANO


Dichoso el anciano que valora su ancianidad, porque en su atardecer sabrá dar gracias a Dios por el gran don de la vida.
Dichoso el anciano que es portador de paz y energía creadora, porque contribuirá hasta el último momento a la construcción del mundo.

Dichoso el anciano que se mantiene optimista, porque no tendrá la sensación de haber desperdiciado su vida.

Dichoso el anciano, que se acerca al sufrimiento de los demás, porque nunca carecerá de compañía.

Dichoso el anciano que no fomenta el egoísmo de vivir buscando sus seguridades, porque las encontrará cubiertas todas por añadidura.

Dichoso el anciano que viviendo su pobreza siembra alegría a su alrededor, porque conocerá el gozo de vivir.

Dichoso el anciano que acepta con mirada confiada y serena sus limitaciones, porque descubrirá la felicidad de la sencillez.

Dichosos y felices todos los ancianos que encontrándose solos y abandonados continúan amando porque se sentirán amados por Dios.

VICIOS DE PERROS




¿A qué podríamos llamar “vicios” en el caso de los perros? No exactamente a los mismos que tienen los humanos. Más bien a aquellas costumbres muchas veces odiosas y perjudiciales que tienen en la cotidiana convivencia dentro de una casa.

Por ejemplo, el ladrido exagerado. Hay perros que apenas sienten o escuchan algo, el toque de un timbre o la puerta que es golpeada, y ladran como si se cayera el mundo. O a veces toman zapatos o medias que están en el suelo, lo mordisquean y lo dejan tirado en cualquier lado.

Tu mismo puedes ir descubriendo cuáles son los vicios comunes de tu mascota. Es muy probable que tengas un perro que se lanza sobre la visita apenas lo ve entrar a la casa, o se vuelve insoportable merodeando alrededor de la mesa apenas te sientas a comer, solo o con visitas.

Lo cierto es que estos vicios, como cualquier vicio que en el mundo exista, tienen que ver con una falta de buena educación y de normas de convivencia estrictas y claras. No porque no sea de nuestra misma especie -que, es cierto, condiciona- se lo deja aprender cosas que no están bien.

Por eso, es importante identificar prácticas eventuales o hábitos demasiado comunes en los perros y enseñarles a que se comporten de otra forma.

LA ESTRELLA DE MAR


Cierto día , caminando por la playa reparé en un hombre que se agachaba a cada momento, recogía algo de la arena y lo lanzaba al mar . Hacía lo mismo una y otra vez.

Tan pronto como me aproximé me di cuenta de que lo que el hombre agarraba eran estrellas de mar que las olas depositaban en la arena, y una a una las arrojaba de nuevo al mar.

Intrigado , lo interrogué sobre lo que estaba haciendo,y me respondió :

Estoy lanzando estas estrellas marinas nuevamente al océano.

Como ves , la marea es baja y estas estrellas han quedado en la orilla ; si no las arrojo al mar morirán aquí por falta de oxígeno.

Entiendo, le dije, pero debe haber miles de estrellas de mar sobre la playa.

No puedes lanzarlas a todas. Son demasiadas .

Y quizás no te des cuenta de que esto sucede probablemente en cientos de playas a lo largo de la costa ¿no estás haciendo algo que no tiene sentido ?

El nativo sonrió , se inclinó y tomó una estrella marina y mientras la lanzaba de vuelta al mar me respondió: ¡ para esta si lo tuvo !

Cada E-mail de estos es una estrella que arrojo al mar…

Sé que en este mundo complicado, trastocado, acelerado, equivocado, un gesto de ternura y solidaridad no alcanza…

Nada puedo hacer para solucionar las penas del mundo pero mucho puedo hacer para ayudar en el pedacito de mundo que me toca.

Si alguna vez pude a través de estos mails, hacerte sonreír, llorar, emocionar, reflexionar… entonces eres una de esas estrellas que ha vuelto al mar a contarle a las otras que la bondad existe, que de los momentos límite también se sale, que todavía existen seres que creen en los demás.

(desconozco su autor)

UN NUEVO CAMINO


Si quieres un nuevo camino, tienes que aprender a dejar para atrás lo que ya no tiene significado para ti, para así, dar lugar a lo nuevo que es tu más pura realidad. La realidad que pertenece al conocimiento de ti; comprendiendo áreas de tu ser que necesitan y deben ser expandidas, para que puedas saltar cerca de tu origen.

Decide olvidar lo que trae bloqueos a tu jornada, tu alegría, tu confianza; lo que trae miedos e inseguridades a tus planes. Decide olvidar lo que no puede dar conciencia de tu potencial que es hecho para ser atento, creativo y amoroso.

Coloca tu atención en la sutileza, en la integridad de tus verdaderos sentimientos, que muestran el camino a ser recorrido para que seas puro de corazón. Disfruta y aprende con tu propia experiencia que la vida brota de cada momento vivido, profundamente vivido.

lunes, 28 de septiembre de 2009

EL CIRCULO DEL 99


Había una vez un rey muy triste que tenía un sirviente, que como todo sirviente de rey triste, era muy feliz.

Todas las mañanas llegaba a traer el desayuno y despertaba al rey cantando y tarareando alegres canciones de juglares. Una sonrisa se dibujaba en su distendida cara y su actitud para con la vida era siempre serena y alegre.

Un día el rey lo mandó llamar.

- Paje, le dijo, ¿Cuál es el secreto?

- ¿Qué secreto, Majestad?

- ¿Cuál es el secreto de tu alegría?

- No hay ningún secreto, Alteza.

- No me mientas, paje. He mandado a cortar cabezas por ofensas menores que una mentira.

- No le miento, Alteza, no guardo ningún secreto.

- ¿Por qué estás siempre alegre y feliz? ¿eh? ¿Por qué?

- Majestad, no tengo razones para estar triste. Su Alteza me honra permitiéndome atenderlo. Tengo mi esposa y mis hijos viviendo en la casa que la Corte nos ha asignado, somos vestidos y alimentados y además su Alteza me premia de vez en cuando con algunas monedas para darnos algunos gustos. ¿Cómo no estar feliz?

- Si no me dices ya mismo el secreto, te haré decapitar - dijo el rey.

Nadie puede ser feliz por esas razones que has dado.

- Pero, Majestad, no hay secreto. Nada me gustaría más que complacerlo, pero no hay nada que yo esté ocultando.

- ¡Vete, vete antes de que llame al verdugo!

El sirviente sonrió, hizo una reverencia y salió de la habitación. El rey estaba como loco. No consiguió explicarse como el paje estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y alimentándose de las sobras de los cortesanos. Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores y le contó su conversación de la mañana.

- ¿Por qué el es feliz?

- Ah, Majestad, lo que sucede es que el esta fuera del círculo.

- ¿Fuera del círculo?

- Así es.

- ¿Y eso es lo que lo hace feliz?

- No Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz.

- A ver si entiendo, estar en el círculo te hace infeliz.

- Así es.

- ¿Y cómo se salió?

- ¡Nunca entró!

- ¿Qué círculo es ese?

- El círculo del 99.

- Verdaderamente, no te entiendo nada.

- La única manera para que entendieras, seria mostrártelo en los hechos.

- ¿Cómo?

- Haciendo entrar a tu paje en el círculo.

- Eso es, obliguémoslo a entrar.

- No, Alteza, nadie puede obligar a nadie a entrar en el círculo.

- Entonces habrá que engañarlo.

- No hace falta, Su Majestad. Si le damos la oportunidad, él entrará solo.

- ¿Pero el no se dará cuenta de que eso es su infelicidad?

- Si se dará cuenta.

- Entonces no entrará.

- No lo podrá evitar.

- ¿Dices que el se dará cuenta de la infelicidad que le causará entrar en ese ridículo círculo, y de todos modos entrará en el y no podrá salir?

- Tal cual. Majestad, ¿estás dispuesto a perder un excelente sirviente para poder entender la estructura del círculo?.

- Si.

- Bien, esta noche pasaré a buscarte. Debes tener preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro, ni una más ni una menos. 99!-

- ¿Que más? ¿Llevo los guardias por si acaso?

- Nada más que la bolsa de cuero. Majestad, hasta la noche.

- Hasta la noche.

Así fue. Esa noche, el sabio pasó a buscar al rey. Juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa del paje.

Ahí esperaron el alba. Cuando dentro de la casa se encendió la primera vela, el hombre sabio agarro la bolsa y le pincho un papel que decía:

"Este tesoro es tuyo. Es el premio por ser un buen hombre. Disfrútalo y no cuentes a nadie como lo encontraste".

Luego ató la bolsa con el papel en la puerta del sirviente, golpeó y volvió a esconderse. Cuando el paje salió, el sabio y el rey espiaban desde atrás de unas matas lo que sucedía. El sirviente vio la bolsa, leyó el papel, agitó la bolsa y al escuchar el sonido metálico se estremeció, la apretó contra el pecho, miró hacia todos lados de la puerta, y se volvió a meter a la casa, el rey y el sabio se arrimaron a la ventana para ver la escena.

El sirviente había tirado todo lo que había sobre la mesa y dejado solo la vela. Se sentó y vació el contenido sobre la mesa. Sus ojos no podían creer lo que veían. ¡Era una montaña de monedas de oro!. El que nunca había tocado una de estas monedas, tenía hoy una montaña de ellas solo para él.

El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacia brillar la luz de la vela sobre ellas. Las juntaba y desparramaba, hacia pilas de monedas.

Así, jugando y jugando empezó a hacer pilas de 10 monedas. Una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro, cinco, seis... y mientras sumaba 10, 20,30, 40, 50, 60... hasta que formó la última pila: 9 monedas!!

Su mirada recorrió la mesa primero, buscando una moneda más, luego el piso y finalmente la bolsa. "No puede ser", pensó. Puso la última pila al lado de las otras y confirmó que era más baja.

-¡Me robaron! -gritó. -¡Me robaron, malditos!. Una vez más buscó en la mesa, en el piso, en la bolsa, en sus ropas, vació sus bolsillos, corrió los muebles, pero no encontró lo que buscaba.

-¡Solo 99! No puede ser, me falta una moneda.

-¡A nadie se le ocurriría dar solamente noventa y nueve monedas como recompensa!

Sobre la mesa, como burlándose de él, una montañita resplandeciente le recordaba que había 99 monedas de oro ¡Solo 99! Noventa y nueve monedas de oro es mucho dinero, pensó. Pero me falta una moneda.

Noventa y nueve no es un número completo - pensaba. -Cien es un número completo, pero noventa y nueve, no. ¡Necesito la otra moneda!

El rey y su asesor miraban por la ventana. La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se le habían vuelto pequeños y arrugados y la boca mostraba un horrible rictus, por el que se asomaban los dientes. El sirviente guardó las monedas en la bolsa y mirando para todos lados para ver si alguien de la casa lo veía, escondió la bolsa entre la leña.

Luego tomó papel y pluma y se sentó a hacer cálculos. ¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar el sirviente para comprar su moneda número cien?

Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta. Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla. Después quizás no necesitara trabajar más. Con cien monedas de oro, un hombre puede dejar de trabajar. Con cien monedas de oro un hombre es rico. Con cien monedas se puede vivir tranquilo. Sacó el cálculo. Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaría lo necesario.

-¡Doce años es mucho tiempo!, pensó. Quizás pudiera pedirle a su esposa que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo. Y el mismo, después de todo, el terminaba su tarea en palacio a las cinco de la tarde, podría trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por ello.

Saco las cuentas: sumando su trabajo en el pueblo y el de su esposa, en siete años reuniría el dinero. -¡Era demasiado tiempo!. Quizás pudiera llevar al pueblo lo que quedaba de comidas todas las noches y venderlo por unas monedas. De hecho, cuanto menos comieran, más comida habría para vender. Vender... Vender.

Estaba haciendo calor. ¿Para que tanta ropa de invierno? Para que más de un par de zapatos? Era un sacrificio, pero en cuatro años de sacrificios llegaría a su moneda cien.

El rey y el sabio, volvieron al palacio. El paje había entrado en el círculo del 99.

Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche. Una mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las puertas, refunfuñando con pocas pulgas.

- ¿Qué te pasa?- pregunto el rey de buen modo.

- Nada me pasa, nada me pasa.

- Antes, no hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo.

- Hago mi trabajo. ¿No? ¿Qué quería su Alteza, que fuera su bufón y su juglar también?

No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente. No era agradable tener un paje que estuviera siempre de mal humor.

Tú y yo, y la mayoría de nosotros hemos sido educados en esta estúpida ideología: Siempre nos falta algo para estar completos, y solo completos se puede gozar de lo que se tiene. Por lo tanto, nos enseñaron que la felicidad deberá esperar a completar lo que falta. Y como siempre nos falta algo, la idea retoma el comienzo y nunca se puede gozar de la vida.

Siempre necesitamos más para ser felices. Queremos algo, y cuando lo alcanzamos, entonces no es suficiente. Entonces queremos más para ser felices, y creemos que necesitamos más para ser felices, y luego más, y más. Pero que pasaría si la iluminación llegara a nuestras vidas y nos diéramos cuenta, así, de golpe, que nuestras 99 monedas son el cien por ciento del tesoro, que no nos falta nada, que nadie se quedó con lo nuestro, que nada tiene de más redondo cien, que noventa y nueve, que todo es solo una trampa, una zanahoria puesta frente a nosotros, para que jalemos del carro, cansados, malhumorados, infelices o resignados.

Cuántas cosas cambiarían si pudiéramos disfrutar de nuestros tesoros tal como están.



Desconozco su autor

CALZONCILLOS PARA ZURDOS




Una empresa desarrolló los primeros calzoncillos pensados para zurdos que permiten un movimiento que ahorra tres segundos vitales.

Perder tiempo desenvainando el equipamiento puede ser fatal en ciertas circunstancias. Y hasta ahora nadie había tenido en cuenta que las braguetas de los calzones están pensadas para que sea la mano derecha la que obre con pericia.

Rob Faucherand, directivo de la tienda británica Debenhams, explicó que los Hom H1 -así se llama la prenda- es "un paso vital para la igualdad para los zurdos. Parece un pequeño paso pero podría ser el incio que todos estábamos esperando".


la verdad ya era hora que pensaran mas en los zuedos (yo soy una zurda uno batalla en acoplarse con articulos hechos para los diestros)

domingo, 27 de septiembre de 2009

mi queridisma amiga victoria me entrego este premio desde su blog

http://iala300-victoria.blogspot.com/




Este premio lo concedo para todos compañeros que desee llevarselo a su blog..Solo teneis que pedir tres deseos...