martes, 26 de mayo de 2009

SOLEDAD


El silencio va de la mano con la soledad, y esto es lo que más pesa. Esto es lo que nos hace sentirla, pues el ruido del silencio se hace insoportable cuando uno desea una compañía.

El ser humano es un ser social, no puede vivir sin que haya aprendido expresamente a vivir en soledad. Y siempre uno es movido por el deseo. El deseo de ser amado, el deseo que nos consideren, que alguien nos tenga en cuenta... el deseo de ser y estar, amar y aprender a vivir. Es el deseo de querer dejar una huella en el camino y una marca en el tronco del árbol de la vida.

Pero a veces, Dios nos da otras cosas que compensan grandemente la ausencia de alguien a quien amar. Es cuando llegamos a amar y comprender a la totalidad de la vida, cuando aprendemos a valorar todos los momentos vividos en el camino.

Siempre necesitamos del otro para sobrevivir, es una constante que nació con nosotros en el primer suspiro, crece a medida que desarrollamos nuestra percepción. El alcance de nuestros sentidos es cada vez más amplio. Comenzamos de a poquito a incorporar el mundo a través de las enseñanzas de nuestros padres, incorporamos un mundo hecho a la medida de quienes nos precedieron y continuamos ampliándolo para quienes nos sucedan. Lo vamos incorporando de tal modo que llega un momento en que no nos planteamos la posibilidad de negar su existencia e incidencia en nuestras vidas. Lo aceptamos como nuestro y lo defendemos como propio.

Pero esto ... no es verdad. El mundo tal como está no nos pertenece ni siquiera les pertenece a nuestros antepasados porque ya no están para reclamarlo. Vivimos sumergidos en la sombra de las ilusiones heredadas y no siempre cumplidas. Buscamos la luz a través de los mismos caminos de quienes nos dejaron este mundo tal como está. Asi no la veremos jamás. Es tiempo de dejar atrás las recetas pasadas y guardarlas para recuerdo y balance posterior, pero en lo que nos toca hoy vivir, debemos modificar nuestra expectativa y nuestros pasos deben ser diferentes, el deseo, el eterno deseo humano de ser y estar debe manifestarse a través de vivencias nuevas para satisfacer las necesidades de amor, amistad, compañia y sociedad de una manera distinta, tan diferente que es singular e indivisible para cada uno, pues cada ser humano es un universo entero con sus luces y sombras, con sus derechos y aspiraciones. Cada quien sabe qué quiere ser y adonde quiere estar.

Buscamos compañia ante la soledad, pero porque no hemos aprendido a vivir con nosotros mismos, y sea como sea, nadie está solo si en el interior resuena la voz de otro en algún lugar del alma.

Entonces no estamos solos, estamos llenos de voces pasadas, presentes y ausentes. Voces que nos hablan y nos enfrentan a nuestros propios temores incorporados en la niñez. Claro que cuando somos adultos, esos temores se hacen más sofisticados y se agrandan ante la capacidad adulta de ver las cosas con más seriedad. Entonces las personas magnifican, agigantan y se entristecen con mayor intensidad, pero ¿dónde ha quedado la inocencia y la fantasía? ¿dónde está Dios jugando a las escondidas con nosotros? ¿donde está la capacidad de modificar el mundo? Seguramente dormida en algún lugar de la memoria esperando que tu voz la despierte.

Despertar esa capacidad es comenzar a conocerse, es comenzar a silenciar las voces internas y que no nos pertenecen, es dejar que hable la voz de nuestro yo superior que inundará de vida el desierto espiritual en el que creemos estar. Cuando eso suceda, ya no estarás solo o sola, ya no sentirás la soledad como una lágrima viviente recorriendo tu rostro, tus ojos brillarán con mayor intensidad, tus pasos y movimientos serán vibrantes y tu presencia será requerida por muchas personas, todo el mundo buscará tu compañía. Ya no habrá soledades que vencer porque la soledad se alejará de ti.

Y asi, cuanta mayor vida interior tengas, menos soledad habrá. Pero no te confundas, vida interior no significa estar hablando mentalmente con personas que no están, sean vivas o no. Significa saber amar lo propio, acercarse a cada átomo de tu entorno con reconocimiento y amor por todo. Significa dar y recibir amor de todo lo que te rodea, ya sea una planta, un animalito, tu ciudad, los niños, las calles, la gente...

Mientras mayor sea tu capacidad de acrecentar tu vida interior, menos sentirás la soledad y al final de cuentas sabrás que tienes un millón de amigos que antes no conocías.

Todo puede cambiar con un solo movimiento interno. Ya no le prestes tanta atención a un yo interior que reclama con voces ajenas una presencia que nunca fue. Vive tu día hoy, ama a tu día hoy, y siéntete libre para ser y estar en cualquier lugar, siéntete libre para elegir, pues nadie elegirá mejor que tú el camino que te llevará a dar un paseo por la vida, una eterna alegría que en definitiva es tu derecho propio, tu desición inalienable para ser felíz.

Ya no estés triste pensando en la soledad, debes saber que nunca has estado solo o sola y que ahora es el momento de elegir tus compañias. Siempre habrá un alma en el camino que comparta tus sueños, siempre habrá un espacio etéreo para imaginar y amar, tal como cuando éramos niños y Dios jugaba a las escondidas con nosotros disfrazado de ángel en el jardín.

© Miguel Angel Arcel
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