sábado, 6 de febrero de 2010

DEPRESIÓN CANINA



Es muy normal que el dueño de un perro interprete como un mal físico la conducta anormal de su mascota. Sin embargo, es necesario saber que algunos comportamientos violentos, sorpresivos o de aislamiento, que no se hayan dado en el animal con anterioridad, se pueden deber a algún tipo de problema psicológico, por ejemplo una depresión.

Estos factores suelen ser pasados por alto por los propietarios de animales pero cada vez son más frecuentes, por lo que se están desarrollando numerosos estudios encargados del conocimiento de la psicología del perro. Por ello, ante reacciones de este tipo, el amo debe acudir a un especialista con el fin de determinar y tratar de solucionar el problema de su mascota.

Las conductas depresivas o violentas de un perro tienen siempre un factor causante, que puede encontrarse cercano o, por el contrario, haber sucedido hace bastante tiempo y encontrarse registrado en la memoria del animal. Para cada caso individual existe una respuesta o causa diferente, pero lo habitual es que estas conductas se deban a deficiencias del entorno en el que se encuentra el perro, ya que es posible que no sea el más adecuado.

Asimismo, es muy común que el amo sea el responsable de la aparición de alguno de estos, ya que cuando el dueño no presta al animal la atención que éste precisa, se produce un sentimiento de rechazo en el perro, que cree no ser admitido en el núcleo familiar.

Hay otras causas comunes de los estados depresivos o apáticos del perro, como las excesivas situaciones de aburrimiento o las reclusiones solitarias durante largos periodos de tiempo. Asimismo, es frecuente que el perro se encuentre incómodo ante el desorden doméstico, ya que no encuentra hábitos regulares de vida y se produce un desajuste funcional. No obstante, el mayor factor de un desarreglo psicológico lo constituye el ansia de compañía y la falta de afecto o cariño por parte del dueño.

De los problemas psicológicos que puede sufrir un perro, uno de los más habituales es la depresión, es decir, un estado patológico con disminución de toda la actividad psíquica que afecta, en especial, al componente afectivo. El problema de esta patología, en comparación con la humana, es que existe escasa experiencia terapéutica animal y la dificultad para tratar al perro, ya que no existe comunicación posible con él.

No obstante, cada vez son más los estudios dedicados a entender las causas que llevan a la depresión animal, y en la mayoría de ellos se señala al amo como principal responsable, al relegar a la mascota a un segundo plano y no prestarle la atención necesaria. Existen dos tipos de depresión en los perros. La endógena se caracteriza por la ausencia de motivaciones externas, por lo que se puede afirmar que tiene una causa genética. Por el contrario, la depresión exógena, que es la más habitual, es consecuencia directa del entorno y puede tener causas muy variadas.


Es posible detectar a tiempo la depresión del perro e intentar dirigirle a un experto capaz de tratarle. Para ello, es necesario que el dueño preste atención al animal, con el fin de observar su conducta y percibir si ésta es anormal. Así, si el perro presenta un carácter de apatía general, somnolencia, inapetencia o falta de interés ante estímulos gratificantes, se debe sospechar de una posible depresión.Esta patología puede afectar a todas las razas por igual, aunque numerosos estudios afirman que los Terrier y los mestizos, sobre todo si han habitado en perreras o guarderías, son los más proclives.

En el caso de apreciar estas conductas, lo primero que se debe hacer es consultar a un especialista. Lo más recomendable en estas situaciones es intentar mantener la actividad del perro, así como el contacto con él, para que abandone el sentimiento de rechazo y se sienta apoyado por su dueño. En el caso de que no se pueda dedicar al animal el tiempo necesario, se puede suplir esta compañía por música, la radio o la televisión, durante los periodos de soledad. Aunque estos elementos nunca podrían sustituir el apoyo y el cariño humano, sirven de ayuda en los momentos del día en que el amo se encuentre ocupado.



Fuente: Mascotas.com

LOS PERROS Y EL TEMOR A LOS TRUENOS



Muchos perros padecen de “truenofobia” o temor a los truenos. Esta situación puede ser problemática, difícil de resolver y constituye una experiencia aterradora para muchos animales sensibles.

Aunque algunas razas tienen fama de sufrir con los truenos, expertos veterinarios aseguran que dicho temor no se limita a una raza, edad o sexo del perro. Hasta ahora se desconoce el origen del miedo a los truenos, aunque algunas teorías apuntan a que algunos canes están predispuestos genéticamente. Otros desarrollan miedo a las tormentas tras sufrir una mala experiencia o ver a otro animal o persona que se pone ansioso durante un temporal.

Según expertos en el comportamiento canino, no existe un tratamiento garantizado contra la “truenofobia”, ya que lo que puede ayudar a un perro puede no tener efecto sobre otro y de igual manera un método que funciona durante una tormenta puede no servir en otra.

Existen diferentes remedios contra la “truenofobia”, entre ellos: medicinas, técnicas para hacer que el animal le pierda el temor a los truenos, entrenarlo para que busque un refugio donde se sienta a salvo de una tormenta o bien existen una serie de prendas que pueden ayudar, como orejeras, cabestros y capas.

La intensidad del miedo a los truenos puede variar, algunos se muestran moderadamente ansiosos, otros tiemblan y jadean y en los casos más severos, el perro puede lastimarse al atravesar ventanales o salir corriendo hacia el tráfico en medio de una tormenta.

Algunos métodos sugeridos por especialistas veterinarios para controlar la “truenofobia” en los perros son:

1) Insensibilizar al animal a los truenos: a) hacer sonar un CD o una cinta con sonidos de una tormenta durante un minuto; b) apagar el aparato cuando el perro se altere; c) Esperar que el animal se calme y hacer sonar nuevamente la música por un breve lapso; d) Repetir la operación unas cinco veces, con intervalos de diez minutos, durante cuatro o cinco días; e) Dejar pasar unas dos semanas y realizar una sesión similar.

2) Darle seguridad: Encontrar un sitio donde el perro se sienta seguro y se lo entrene para que vaya allí durante una tormenta. Puede ser un lugar en el sótano, con las cortinas bajas y la luz prendida, para que resulte más difícil ver los relámpagos. En ese sitio debe haber una casa para perros con una puerta abierta y una colchoneta cómoda. También se puede usar un armario sin ventanas. El amo debe quedarse un rato con el perro y darle algo de comer, para que el animal piense que se trata de un lugar agradable. También se puede cubrir al perro con una manta o con una toalla, o incluso con un traje a medida.

3) Medicinas para la ansiedad: Otras cosas que pueden funcionar son las medicinas para la ansiedad, pero hay que dopar al perro antes de que llegue la tormenta" pues tardan 20 minutos en hacer efecto, señalan expertos.

Consejos para calmar a los perros que padecen “truenofobia”

• Encienda el televisor o el estéreo para tratar que disminuya el ruido del trueno.
• Si su perro se pone ansioso, no lo recrimine o castigue.
• Trate de distraerlo con actividades divertidas, para que el perro asocie la tormenta con algo placentero.
• Si es posible reúna a su perro con otros perros que no se ponen ansiosos en una tormenta

Fuente: Con información de: noticias.latino.msn.com

LOS CAPRICHOS DEL HOMBRE HAN CAMBIADO LA GENÉTICA DE LOS PERROS



Durante 14.000 años, el ser humano ha domesticado perros, una tarea en la que, por medios artificiales y de cría selectiva, ha obtenido más de 400 razas diferentes. Cada una de ellas tiene un físico, un color de pelo y un temperamento diferentes. Los criadores se han esforzado por conseguir animales con unas características determinadas que satisfagan a sus dueños. Algunos son más fuertes o más capaces para la caza, otros más tranquilos, dóciles y cariñosos, ideales para tener en casa o jugar con los niños. Se les ha intentado cambiar hasta el carácter.

Pero jugar a ser el Dios de los canes tiene sus consecuencias, como lo demuestra un trabajo realizado por investigadores de la Universidad de Washington en Seattle (Estados Unidos) y que publica la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

Los científicos, dirigidos por Joshua Akey, han analizado los genomas de 275 perros (canis lupus familiaris) domesticados que pertenecen a 10 razas en un intento de identificar las alteraciones genéticas responsables de las características específicas de estos animales. Los autores escanearon el registro genético de las razas beagle, collie, terrier Jack Russel, Shar-Pei y el caniche, entre otras. Y han determinado cómo el impacto de siglos de crianza selectiva ha influido en el genoma completo de nuestro mejor amigo. ¡Hemos introducido cambios!

Los autores descubrieron 155 localizaciones genéticas distintas con evidencias de manipulación en la cría y sugieren cómo han influido en el tamaño del cuerpo o el color de cada raza. Así, por ejemplo, los investigadores sugieren que las versiones diferentes del gen HAS2 podrían dotar al popular Shar-Pei de su distintiva piel suave o arrugada.

Entender cómo los genes de los perros han sido afectados por la selección artificial puede ayudarnos a comprender mejor cómo los humanos se vieron influidos por la selección natural.

Fuente: abc.es

EL TRATAMIENTO DE LOS TUMORES CANINOS PODRÍA OFRECER CONOCIMIENTO SOBRE TERAPIAS PARA PERSONAS



Los perros que tienen cáncer pueden proveer conocimientos cruciales sobre las formas humanas de la enfermedad, lo que potencialmente llevaría a mejores tratamientos y evaluación de los tumores, según informan investigadores del Instituto Nacional del Cáncer de EE. UU.

Los autores del estudio, cuyos hallazgos aparecen en la edición en línea del 13 de octubre de la revista PLoS Medicine, señalaron que el estimado de un millón de perros que desarrollan cáncer en los EE. UU. cada año, pueden ayudar a informar a los científicos sobre la forma en que funcionan los tratamientos en investigación y experimentales.

Como sucede con pacientes humanos, los dueños de perros con frecuencia recurren a estos tratamientos, lo que incluye quimioterapia, radioterapia y cirugía, como un último recurso. En muchos casos, "los dueños de perros se ven motivados por la oportunidad de contribuir al avance del tratamiento de cáncer para futuros pacientes caninos y humanos", explican expertos.

Los perros desarrollan muchas enfermedades que son similares a las de los humanos y en años recientes, los investigadores han prestado más atención a las similitudes.

Fuente: nlm.nih.gov

QUÉ LUGAR OCUPAN EN NUESTRA VIDA



Las mascotas forman parte importante en la vida de una persona, pues constituyen desde que llegan a casa un espacio que con el tiempo se gana para ser parte de la familia. Ellos representan una alegría al llegar a casa.

Pero para algunas personas, como el caso de los perros de compañía son totalmente necesarios y fundamentales en su diario vivir. Estos son considerados como medicina preventiva pues ellos promueven salud y prolongan la vida.

Existen muchos estudios que han demostrado, que cuando los acariciamos la tensión arterial se reduce y producen efectos relajantes. Pues para los dueños representan una fuente de amor y compañía.

Entre la ayuda que proporciona el tener una mascota esta:

En los niños

Les hace aprender y ser responsables. Les hace ver los diferentes deberes que conlleva tener una mascota, su convivencia con ellos contribuye a que aprendan valores positivos como el respeto a la vida, la amistad, el amor y los animales. Estos animalitos también tienen el poder de hacer sentir al niño una sensación de ser querido y aceptado.

El sentimiento de soledad disminuye. El tener alguien que siempre espera en casa hace a las personas que se sientan seguras, confiadas y protegidas.

Su compañía reconforta. Muchas personas solteras conversan con su mascota y la resulta ser una charla cómoda y satisfactoria, por la simple razón de que ellos no tienen prejuicios.

Dan buen humor. Las mascotas siempre están de buen humor, corriendo, saltando y poniendo alegría.

Nos hacen hacer ejercicio. Ellos necesitan salir a correr y caminar, por lo que todos los días nos hacen salir a dar una vuelta por los alrededores y a su vez nos ejercitamos.

Sube la autoestima. Las atenciones que demandan reducen el tiempo de inacción, hacen que la persona sea útil y generan una estrecha relación entre la persona y el animal.

Favorecen en la recuperación. Aquellas personas que poseen mascotas se reponen más rápido, que aquellas que no las poseen. También su apoyó a personas discapacitadas, en particular los perros, son en algunos casos los ojos de la persona, los oídos y las piernas de las que padecen otro tipo de impedimento físico.
Liberan estrés. Estudios que se han llevado a cabo sobre personas que poseen mascotas y y las que no, muestran que quienes poseen una en casa tienen estado de ánimo más alto y periodos menores de depresión, en comparación con los que no tienen.

Los cuidados y el amar a un animal nos hace vivir mejor y ver la vida como más positivismo.

Fuente: Rubi Micheo G.

viernes, 5 de febrero de 2010

MEJOR BENNY HILL QUE UN REQUIEM



Los jingles, cortinas de programas y canciones pop son más solicitadas en los funerales que los réquiems tradicionales.

Los clásicos himnos funerarios han cedido su lugar privilegiado a la hora de despedir de este mundo a un ser querido. Aunque resulte difícil de creer, la gente solicita cortinas de programas como el de Benny Hill, o la canción Always Look On The Bright Side of Life de los Monty Python.

"A mi manera" en la versión de Frank Sinatra, "El viento bajo mis alas" de Bette Midler y "Tiempo de decir adiós" de Andrea Bocelli y Sarah Brightman son los favoritos según una encuesta que se realizó en 30.000 servicios funerarios. De cerca los siguen “You Raise Me Up” de Westlife y “Angels” de Robbie Williams.

Entre las más rechazadas por los sacerdotes están los emblemáticos "Camino al infierno" de ACDC y "Otro muerde el polvo" de Queen.

lunes, 1 de febrero de 2010

EL ARCÁNGEL CARACOL



Hay una vieja fábula oriental que cuenta la llegada de un caracol al cielo. El animalito había venido arrastrándose kilómetros y kilómetros desde la tierra, dejando un surco de baba por los caminos y perdiendo también trozos del alma por el esfuerzo. Y al llegar al mismo borde del pórtico del cielo, San Pedro le miró con compasión. Le acarició con la punta de su bastón y le preguntó: " ¿Qué vienes a buscar tú en el cielo, pequeño caracol?" El animalito, levantando la cabeza con un orgullo que jamás se hubiera imaginado en él, respondió: "Vengo a buscar la inmortalidad". Ante esta respuesta, San Pedro se echó a reír francamente, aunque con ternura. Y preguntó: “¿La inmortalidad? Y ¿qué harás tú con la inmortalidad?” "No te rías -dijo ahora airado el caracol-. ¿Acaso no soy yo también una criatura de Dios, como los arcángeles? ¡Sí, eso soy, el arcángel caracol!" Ahora la risa de San Pedro se volvió un poco más malintencionada e irónica: "¿Tú eres un arcángel? Los arcángeles llevan alas de oro, escudo de plata, espada flamígera, sandalias rojas. ¿Dónde están tus alas, tu escudo, tu espada y tus sandalias?" El caracol volvió a levantar con orgullo su cabeza y respondió: "Están dentro de mi caparazón. Duermen. Esperan." "Y ¿qué esperan, si puede saberse?", arguyó San Pedro. "Esperan el gran momento", respondió el molusco. El portero del cielo, pensando que nuestro caracol se había vuelto loco de repente, insistió: "¿Qué gran momento?" "Éste", respondió el caracol, y al decirlo dio un gran salto y cruzó el dintel de la puerta del paraíso, del cual ya nunca pudieron echarle.

Esta gloriosa fábula, que recoge Kazantzakis en su magnífica biografía de San Francisco de Asís, me parece una de las mejores historias que conozco sobre la dignidad humana. ¿O acaso no seremos nosotros más que los caracoles?
Pasa el hombre sus horas arrastrándose por los caminos del mundo, ¿y deja algo más que baba? Si medimos las horas de los hombres, hay en ellas mucho más de mediocridad que de heroísmo. Se diría, a veces, que nuestras manos se construyeron para equivocarse, que de ellas sólo sale dolor para los demás y cansancio para sus propietarios. Débiles como caracoles, cualquiera podría pisotearnos y reventaría nuestra existencia como la débil concha de los gasterópodos. ¡Y cómo nos domina el miedo! ¡Cuántas veces nos acurrucaríamos dentro de nosotros mismos si contáramos con esa concha protectora en la que refugiarnos!

Y, sin embargo, dentro están nuestras armas: las alas de oro de la inteligencia, el escudo de plata de la voluntad, la lanza viva de la palabra, las sandalias rojas del coraje. Están ahí, dentro, dormidas, casi sin usar. ¡Qué pocas veces desenvainan los hombres sus almas! Las tienen, son enormes y magníficas, resistentes al dolor, literalmente invencibles. Pero anestesiadas, atrofiadas de grasa, mojadas como paja que humea y no arde.

Duermen, pero también esperan. En el más amargado de los seres humanos flamea una bandera de esperanza. No sabe por qué espera, pero espera. Incluso cuando todo parece estar perdido, la niña esperanza grita que tal vez mañana cambie todo. No hay más razón que ese hermoso "tal vez"; no hay más base para confiar que esa palabra que a mí me parece la más hermosa de nuestro idioma: todavía. Todavía Dios nos ama, todavía estamos vivos, todavía puede el mundo cambiar, todavía alguien va a querernos, todavía, todavía. Quienes la practican jamás envejecen. Y es éste todavía, el que nos da fuerza para arrastrarnos hasta las puertas del cielo, para llegar hasta ellas con orgullo.
Este orgullo de ser hombres no puede ser pecado, a no ser que se trate de un orgullo tan tonto que empieza por renunciar a su mejor raíz: la de pertenecer a la gran estirpe de los hijos de Alguien. Somos los "arcángeles hijos". Y no es lo importante la baba que se dejó por los caminos, sino el alma, que ningún camino nos podrá arrebatar si nosotros no nos resignamos a perderla.

Pero falta, eso sí, el gran salto. Sólo se realizan y se salvan los atletas, los que se atreven a vivirse, los que cada mañana y cada tarde saltan desde el sueño a la existencia. De ésos será el reino de los cielos y lo mejor del reino de la tierra: la alegría.

Animo, hermanos/as caracoles: las alas, el escudo, las sandalias y la lanza están dentro. No se ven, pero esperan. Los caracoles-atletas mostrarán un día los arcángeles invisibles que eran. Sólo falta saltar, hermanos/as caracoles.

Autor: Martín Descalzo