PARA QUIENES LES GUSTAN LAS LEYENDAS, MASCOTAS, REFLEXIONES Y ALGUNA QUE OTRA CURIOSIDAD
sábado, 27 de mayo de 2017
viernes, 26 de mayo de 2017
miércoles, 24 de mayo de 2017
EL QUINTO SOL.
El mundo todavía estaba seguro, por lo
que los espíritus comenzaron a preguntarse unos a otros: “¿Quién será el sol?”.
Mientras así hablaban, bajaron volando a la tierra y encendieron un fuego para
aquel que fuera elegido. Pero sentían miedo. Conforme el fuego se iba poniendo
más caliente, lo único que se oía era: “Que otro lo haga”.
Mientras así se excusaban, el llamado
Nanahuatl estaba de pie a un lado, escuchando. Era pobre y tenía el cuerpo
cubierto de llagas. Cuando al fin se dieron cuenta de su presencia, todos
gritaron. “Nanahuatl será el sol”.
“No, no”, contestó él. “Tengo llagas”. Pero no
le prestaron atención y le ordenaron hacer penitencia para que se volviera
sagrado.
Durante cuatro días, mientras el fuego ardía,
se clavó espinas y agujas. Al mismo tiempo ayunaba. Cuando la penitencia hubo
terminado, le encalaron el cuerpo para volverlo blanco, le emplumaron los
brazos y le dijeron: “No tengas miedo. Te elevarás por el aire e iluminarás el
mundo”. Entonces él cerró los ojos y saltó al fuego.
Cuando su cuerpo se quemó completamente,
descendió a la Tierra Muerta y viajó por debajo de la tierra hasta que alcanzó
su extremo oriental.
Entretanto, los espíritus miraban para ver por
dónde se elevaría el sol. Ya estaba amaneciendo, pero la luz parecía venir de
todas las direcciones. Algunos miraban hacia el norte y otros hacia el sur.
Otros pensaban que el sol se elevaría por el oeste. Y otros, incluido
Quetzalcoatl, decía: “Se elevará por el este”, y esas palabras fueron ciertas.
Cuando apareció, el sol era de un rojo
brillante. Se bamboleaba hacia adelante y hacia atrás, centelleante de luz,
brillando sobre toda la tierra. Tan brillante era que no se le podía mirar sin
quedar cegado. Pero nada más aparecer dejó de elevarse.
Al ver que no seguía su curso, los espíritus
enviaron un halcón como mensajero para enterarse de cuál era el problema. A su
regreso, el halcón les informó que el sol no se elevaría más hasta que los
espíritus se sacrificaran a sí mismos, permitiendo que les quitasen el corazón.
Coléricos y atemorizados, llamaron a la
estrella de la mañana y le pidieron que asaetease al sol con una de sus
flechas. Pero el sol hurtó su cuerpo y la flecha voló sin dar en su objetivo.
Se volvió entonces el sol hacia la estrella de
la mañana y le disparó con sus dardos del color de la llama. Herida, la
estrella de la mañana cayó a la Tierra Muerta. Los espíritus, dándose cuenta de
que el poder del sol era demasiado grande para resistirse a él, se quitaron las
ropas y, de uno en uno, aceptaron su sacrificio. Satisfecho por fin, Nanahuatl
siguió su viaje por el cielo.
Ese fue el quinto sol, llamado Sol del
Terremoto, el sol que seguimos viendo hoy. En su tiempo la tierra se moverá:
habrá terremotos. Y habrá hambre.
lunes, 22 de mayo de 2017
LA LEYENDA DE JOAQUIN PARDAVÉ
El 20 de julio de 1955 se dio la
noticia del fallecimiento del actor Joaquín Pardavé, dejando algunos mitos
sobre su muerte.
Se decía que Pardavé sufría de ataques catalépticos,
condición que dificulta delimitar con claridad entre la vida de la muerte.
Cuando Don Joaquín se convirtió en presa de este terrible mal, su médico no se
encontraba en México y al revisarlo, todo coincidía que ya había muerto.
El actor fue velado y posteriormente
sepultado en el lote de actores del panteón Jardín, de la Ciudad de México.
De esto surge una leyenda urbana, al momento de dar lectura al testamento, se
dan cuenta los interesados que el documento fue enterrado junto con el histrión
en el bolsillo de su saco, por lo que prosiguieron a realizar a la exhumación.
Al sacar toda la tierra, quitar las
losas que protegían el ataúd, este quedó visible y al retirar la tapa vieron
algo escalofriante.
La tela que cubría el ataúd estaba
manchada de sangre, el actor estaba boca abajo, como buscando apoyo para romper
su claustro y abrirse paso entre las toneladas de tierra que lo separaban de la
vida. Sus dedos rígidamente contraídos, que habían acabado con la piel de su
cara dejándola rasgada y manchada de sangre; pero era muy tarde, nada podía
hacerse más que lamentar una terrible angustia. ¿Había sido enterrado vivo?
Hace unos años un sobrino del actor
dijo que su tío había muerto por un derrame cerebral, lo cual certifico su
médico de cabecera.
¿Mito o realidad?
¿Mito o realidad?
domingo, 21 de mayo de 2017
EL PRIMER SOL
Cuando la tierra se hubo extendido
sobre el agua y se hubieron formado las montañas y los valles, los espíritus
empezaron a recoger luz para hacer el sol. Mientras ellos trabajaban,
Tezcatlipoca estaba pensando: “Yo debería ser el sol”. Pero era oscuro como una
sombra.
Cuando el trabajo hubo terminado, todos se
retiraron para admirar lo que habían hecho. “Esta es mi oportunidad”, pensó
Tezcatlipoca, agarrando el sol recién hecho y atándolo a su cintura. Cuando se
elevó al cielo, arrojando sombras y pedazos de luz, los otros espíritus le
miraron y dijeron: “En fin, alguien tenía que ser el sol. Dejémosle hacer lo
que pueda”. Entonces se dieron la vuelta y empezaron a crear al primer pueblo.
Pero la gente que hicieron eran gigantes, y
cuando empezaron a caminar por la tierra eran constantes los gritos de “¡No te
caigas! ¡No te caigas!”. Siempre que un gigante se encontraba con otro, su
saludo era: “¡No te caigas!”, pues si alguno se caía no sería capaz de volver a
levantarse. Cuando vagaban de un lugar a otro, temerosos de agacharse o
inclinarse, los gigantes sólo podían comer los frutos que cogían de los
árboles.
Pero cuando el sol llegó arriba del cielo, de
repente el mundo se volvió oscuro, pues el sol que habían hecho los espíritus
sólo tenía fuerza para durar la mitad del día. Por lo visto los espíritus
habían cometido un error. La gente era demasiado grande y el sol demasiado
pequeño.
Después de trece veces 52 años, Quetzalcóatl,
con un gran palo, alcanzó a Tezcatlipoca y golpeándole lo arrojó fuera del
cielo. Este último cayó al océano, cambió de forma, salió a tierra convertido
en un jaguar y se comió a toda la gente. Ese fue el fin del primer sol, llamado
el Sol Jaguar. Como recordatorio de su caída, la constelación del jaguar se sigue
hundiendo en el océano todas las noches.
Monos, pavos y peces.
Cuando el primer sol hubo caído del
cielo, Quetzalcóatl tomó su lugar y se convirtió en el sol llamado Sol del
Viento. Había personas bajo ese segundo sol, pero sólo tenían piñones para comer.
Un año tras otro, sólo comían piñones, hasta que por fin Tezcatlipoca se
levantó en forma de jaguar, corrió por el cielo y golpeó con las patas por
atrás al Sol del Viento. Este, al caer, fue ganando velocidad y se transformó
en un viento tormentoso, barriendo todo lo que había sobre la tierra.
Desaparecieron los árboles y las casas. Todas las personas fueron arrastradas
por el viento, salvo unas cuantas que permanecieron colgadas en el aire y que
se transformaron en monos.
Cuando hubo desaparecido el segundo sol, el
espíritu de la lluvia fue al cielo y se convirtió en el sol llamado Sol de la
Lluvia. Había personas bajo ese tercer sol, pero para comer no podían encontrar
otra cosa que maíz de río. Todavía no se había descubierto el verdadero maíz. Finalmente,
Quetzalcóatl envió una lluvia de fuego y piedras calientes que quemó la tierra.
Tan calientes eran que el propio sol ardió en llamas. Las pocas personas que
habían escapado se transformaron, y cuando el fuego se hubo enfriado corrieron
sobre la tierra ennegrecidas en forma de pavos.
Quetzalcóatl invitó a la esposa del espíritu
de la lluvia a que se convirtiera en el cuarto sol, y ella aceptó. Durante el
tiempo de este cuarto sol, llamado Sol del Agua, había muchas personas, pero
seguían sin tener otra cosa que comer que maíz de hierba. El verdadero maíz aún
no se había descubierto. Un año tras otro comían maíz de hierba y se sentaban a
mirar la lluvia. Llovía todo el tiempo.
Por fin, un año llovió tanto que los lagos y
los ríos se elevaron por encima de las montañas, y todas las personas se
convirtieron en peces.
Tanto llovió que el mismo cielo se desplomó
sobre la tierra. Hasta que finalmente no quedaba más lluvia. Entonces
Quetzalcóatl y Tezcatlipoca se arrastraron bajo el borde del cielo, uno por
cada lado, y se transformaron en árboles, el Sauce Quetzal y el Árbol Tezcatl.
Conforme estos dos árboles crecían, uno a cada lado del mundo, el cielo era
empujado hacia arriba hasta que llegó al lugar en donde había estado antes.
Dejando los dos árboles en su lugar, los dos
espíritus se subieron por el borde y viajaron los dos por el cielo. Al
encontrarse en el centro, se quedaron juntos y se proclamaron los gobernantes
de todo lo que veían.
El camino por el que viajaron es el Camino
Blanco, que aún puede verse en el cielo de la noche.
Desde la tierra muerta. El diluvio que
había cubierto la tierra había desaparecido. Pero los espíritus estaban
preocupados. “¿Quiénes serán las personas?”, se preguntaban. “La tierra está
seca, y también los cielos están secos. ¿Pero, quiénes serán las personas?”.
Mientras estaban pensando, Quetzalcóatl bajó a
la Tierra Muerta que había detrás del mundo y, al llegar ante el Señor de la
Tierra Muerta y su esposa, que guardaban los huesos de los muertos, gritó:
“¡Dadme vuestros huesos!”.
No hubo ninguna respuesta.
“He venido aquí para llevarme esos valiosos
huesos que estáis guardando”.
“¿Para qué los quieres?”
“Los espíritus están preocupados y no dejan de
preguntarse: ‘¿Quiénes serán las personas?’.”
“Toma mi trompeta”, dijo el Señor de la Tierra
Muerta. “Tendrás los huesos si puedes tocar mi trompeta y dar cuatro vueltas a
mi bello país.” Pero la trompeta no estaba hueca.
Entonces Quetzalcóatl susurró a los gusanos
que vivían de la Tierra Muerta: “Gusanos, venid a agujerear esta trompeta”.
Cuando lo hubieron hecho, abejas y avispones volaron por el interior y
comenzaron a zumbar.
Cuando Quetzalcóatl circundó la Tierra Muerta
con la trompeta zumbante, el Señor de la Tierra Muerta lo escuchó y le dijo:
“Tuyos son los huesos. Llévatelos”. Pero luego dijo a todos los muertos que
estaban rodeándola: “Decidle a este espíritu que no se puede llevar los huesos
para siempre. Al cabo de un tiempo habrá de devolverlos”.
“Dice nuestro señor que tienes que
devolverlos”, gritaron todos.
“No”, respondió Quetzalcóatl. “Han de vivir
para siempre.”
Pero sus pensamientos interiores le
advirtieron: “No digas eso. Diles que los huesos regresarán”. Gritó entonces:
“Los devolveré”. Y rápidamente agarró los huesos de los hombres y los de las
mujeres, los envolvió y echó a correr.
“No le creemos”, gritó el Señor de la Tierra
Muerta. “Si dejamos que se los lleve nunca los devolverá. ¡Cavadle una tumba!”
Los muertos cavaron entonces una tumba para
Quetzalcoatl. Trató de escapar, pero una bandada de codornices cayó sobre él y
le hirieron, por lo que tropezó y cayó inconsciente en la tumba.
Al recuperar el sentido vio que los huesos
estaban esparcidos y que las codornices los habían mordido y mordisqueado.
Sollozando, preguntó a sus pensamientos interiores: “¿Cómo puede ser esto?”.
Sus pensamientos interiores le respondieron: “¿Que cómo puede ser? Los huesos
han sido mordisqueados y al cabo de un tiempo se pudrirán. Habrá muerte. Es
algo que no puedes cambiar”.
Se sintió muy triste, pero viendo que no podía
llevarse los huesos libremente, los recogió, los llevó a un lugar por encima
del cielo y se los dio a un espíritu llamado Mujer Serpiente, la cual los
machacó hasta convertirlos en polvo y los puso en un cuenco de jade. Entonces
Quetzalcóatl derramó en el cuenco sangre de su cuerpo, y lo mismo hicieron
todos los demás espíritus.
Cuando los huesos tuvieron vida, los espíritus
gritaron: “¡Han nacido las personas! Serán nuestros servidores. Nosotros
sangramos por ellos y ellos sangrarán por nosotros”.
sábado, 20 de mayo de 2017
jueves, 18 de mayo de 2017
EL AMOR JAMAS ES SINÓNIMO DE SACRIFICIO
¿Cuándo se empezó a considerar el amor
un sacrificio? Una lucha constante de sudor y lágrimas en la que una relación
sigue adelante a base de esfuerzo.
Esta creencia es la que ha provocado
que muchas personas aguanten cosas en sus relaciones que, vistas desde fuera,
parecen inconcebibles.
Discusiones diarias que agotan y
minan, manifestaciones de posesión donde las personas pasan a ser objetos en
vez de seres humanos.
Todo esto nos ha llevado al tan
conocido “sufrir por amor” y es que, actualmente, aún hay personas que
consideran que el amor es sinónimo de esfuerzo, de sacrificio y de dolor.
Cuando el amor implica sacrificio
Cuando consideramos el amor un
sacrificio caemos en las terribles garras de la dependencia, pues hacemos todo
lo posible por mantener unos muros que amenazan con caerse a cada rato.
Nuestra pareja empieza a serlo todo
para nosotros, a significarlo todo. No obstante, si tenemos que esforzarnos por
mantener un amor, quizás, es mejor soltar.
Y es que, entre estos sacrificios, a
veces permitimos que en la relación exista el maltrato, que existan las faltas
de respeto, incluso infidelidades o indiferencia por parte de la otra persona.
Nos humillamos, permitimos que nuestra
autoestima se vea pisoteada y todo porque hemos aprendido a depender del amor,
a sufrir por él.
Porque ponemos amor y lucha al mismo
nivel, y esto implica sufrir. Pero el sufrimiento nunca nos hace felices. Así
que estamos en un círculo vicioso del que no vemos una posible salida.
Sacrificarnos por una relación, dar el
100% cuando quizás la otra persona no está dando ni un 15% será como cavar
nuestra propia tumba.
Al final no quedará nada de nosotros.
Lo habremos dado todo, hasta lo que no teníamos, por una falsa creencia sobre
lo que significa el amor el una relación.
Si duele no es amor
Silvia Congost es una psicóloga que
ayuda en casos de dependencia emocional y tiene un libro que titulado Si duele
no es amor.
En él expone diversos casos donde el
sufrimiento, la desesperación y darlo todo por el otro acaban anulando a las
personas y provocando que su vida se convierta en todo un calvario.
Cuando el amor empieza a ser un
verdadero sacrificio, es importante que nos replanteemos la relación en la que
estamos.
Tal vez estemos sufriendo porque la
otra persona no nos está tratando bien o, quizás, porque nosotros mismos no nos
estamos tratando de la forma adecuada.
Sea como sea, si la situación no nos
está haciendo felices es importante darle un giro o salir de ella.
El amor es respeto, es hacer que la
otra persona sea cada día mejor, es pasión, es felicidad, es alegría… El amor
es generoso, implica libertad, confianza y nos permite crecer.
Si el amor no tiene ninguna de estas
cualidades y sí se identifica con el sufrimiento, el dolor, la amargura y la
lucha constante, entonces no estamos hablando de amor, sino de otra cosa.
Abramos los ojos
Abramos los ojos para poder empezar a
disfrutar de todo lo bueno que tiene el amor y que nada tiene que ver con
sufrimiento, con dolor, con esforzarse.
Si hay amor, este no supondrá ningún
esfuerzo. Las cosas se darán por sí solas, sin necesidad de acaparar, de
desvivirnos por alguien sin tener en cuenta las consecuencias.
Como bien mencionábamos anteriormente,
a veces damos el 100% ¿y si la otra persona da el 15%? Terminaremos dañados,
porque llegará un momento en el que nos agotaremos, la relación irá a
trompicones y surgirá la culpabilidad.
No confundamos amor con sufrimiento
para así sumergirnos en relaciones tóxicas que nos dejarán por los suelos.
No pasemos la mayor parte de nuestra
vida yendo de fracaso en fracaso amoroso por tener una idea equívoca de lo que
significa amar a alguien.
Es el momento de dejar que todo fluya
y de que, si nos sentimos mal con alguien, veamos qué hay que cambiar o, tal
vez, sea el momento de poner un punto final.
El amor está para disfrutarlo,
saborear su dulzura y permitirnos sacar nuestra mejor versión.
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