lunes, 23 de marzo de 2009

VIVIR EL PRESENTE... ¿Y NADA MAS?



Leemos en muchos lugares acerca de las actitudes que debemos tener ante los bienes. En algunos textos se recomienda gastar, regalar, o tirar aquellas cosas que ya no usamos, porque han perdido el brillo y el color. Guardar cosas inútiles por si acaso, por si en algún momento nos hiciera falta, es para muchos una perdida de energía y de tiempo. Es verdad en cierta medida, pero es mentira en otra gran medida también. Lamentablemente, muchos que recomiendan tener esa actitud de renovación no toman en cuenta que el mañana existe aún cuando por el presente no exista mas que el momento en que vivimos. Si nos comportamos de manera tal que nada más importa el presente, estamos desnaturalizando algo que es esencial y fundacional en la construcción humana de nuestra cultura, pues el ser humano actual surge de la prevención sobre el futuro que hicieron nuestros antepasados.

Nuestros abuelos lucharon para un futuro mejor para sus hijos, y sus hijos, nuestros padres, han hecho lo mejor para asegurarnos a nosotros un porvenir más seguro, más estable con menos sufrimientos. ¿Qué hubiera pasado si ellos tan solo hubiesen pensado nada más que en su presente, en disfrutar la vida en lo más inmediato que tenían en su momento? ¿Qué hubiese pasado con nosotros si ellos no hubiesen previsto que tenían hijos a los que había proyectarles un mañana mejor? Hubiera sido una actitud negligente y más aún, predatoria y egoísta, porque se hubiesen consumido en lo poco o mucho que hubieran acertado tener sin pensar en nada más que en su presente.

Si bien para la economía, la ética es una palabra lejana, extraña e incomprensible y no encaja en ninguna de sus teorías, el ser humano común no tiene motivo suficiente para creerse a sí mismo como objeto motorizante de una sola faceta de la actividad productiva humana, muy por el contrario, no es el ser humano una mercancía aún cuando el sistema económico se empeñe en gobernar a las sociedades haciéndoles creer que la única forma de vida es a través del intercambio económico y llegará un momento que el ser humano se hará la pregunta capital de la filosofía: ¿Por qué? ¿Por qué soy un objeto?

Puede que el intercambio de mercancía de bienes y servicios actual sea una refinación de actividades económicas pasadas, pero no es la más perfecta ni tampoco la más ideal, se acerca bastante a los ideales, pero se aleja en tanto promueve en los seres humanos actitudes desnaturalizantes para convertirlos con el tiempo en mera mercancía también. Tampoco una sola propuesta podrá satisfacer todas las necesidades de las sociedades porque será llamado también a la alienación dentro de su misma sociedad en cualquier momento porque no tiene todas las respuestas y cuando eso sucede se enfrenta a un vacío que inevitablemente es dolor, soledad y temor.

Gastar, compartir, regalar, promover actitudes de intercambio, de riqueza, es un buen comienzo, pero también hay que precaver el fin. No tenemos por qué vivir el presente y nada más. Nada hay que nos llame a vivir lo perecedero en pos de un goce inmediato simplemente porque llegamos a un momento en que se nos empañan los vidrios de la ventana que muestra un posible futuro. Tengamos en cuenta que nuestros actos presentes son la raíz de nuestros futuros, y si dilapidamos lo que tenemos hoy sin pensar en guardar para mañana, cuando llegue el nuevo día, seguramente habrá llantos de personas menores que dependían de nosotros y la única calificación que cabe cuando se han tenido actitudes de este tipo es: irresponsabilidad. Y solamente los inmaduros son irresponsables.

¿Será tal vez que los seres humanos en su afán de conservar el presente que tanto pregonan las imágenes mediáticas, se vuelven irresponsables porque, quizás, esa sea una manera de sentirse más jóvenes aún cuando hay jóvenes que son más responsables y sabios que aquellos que dicen ser sus mayores?

Vive el presente, pero no te olvides del futuro... Esos miles de kilómetros que recorrerás están a minutos de distancia en la dimensión de la vida. Siembra bien y bien cosecharás.

Miguel Angel Arcel
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