martes, 15 de diciembre de 2009

EMILIANO Y LOS PERROS


Emiliano amanecía cada día en un rincón distinto del barrio. Aquél que le había dado cobijo durante la noche, con un techo de estrellas sobre su cabeza. Emiliano pernoctaba allí donde la noche llegaba a diario a su realidad. Y lo hacía al calor de sus amigos, que le rodeaban fieles aportando calidez física y afectiva. Seis, siete, ocho perros amigos le acompañaban en su vagabundeo diurno y en su descanso nocturno. Y Emiliano los trataba con extraordinarios cuidados y mimos, aún a costa de sus propias privaciones.

Pero ¿quién era Emiliano? Por el barrio se comentaban diversas historias sobre su vida. Pero todas coincidían en un punto: se trataba de un hombre nacido en una familia de clase media. Poseía estudios universitarios y había sido funcionario de carrera en el Instituto Cartográfico Nacional.

En su edad joven, con un trabajo estable, una casa familiar (sin familia, eso sí) y un nivel de vida de tipo medio, algo debió de pasar por la mente de Emiliano. Comenzó recogiendo cuantos perrillos abandonados encontraba a su paso, hasta que la casa terminó por asemejarse más a un albergue canino que a un hogar. Los vecinos expresaron a Emiliano sus quejas sin resultado alguno. Vinieron entonces las denuncias y las pretensiones de desalojar a los canes. Hasta que un día, aquel alma grande y aquella mente que con frecuencia se negaba a pensar de acuerdo con los modos establecidos, al unísono decidieron vivir al margen de horizontes que limitan.

Y comenzó una nueva etapa, abandonando su trabajo y abandonando su casa, para vivir en libertad. Sin vecinos arriba y abajo que se molestan por saberle feliz. Sí, la calle, la calle sería en adelante su hogar.

Educado siempre, digno, sin concesiones a la tentación de mendigar, Emiliano únicamente sufría si un día se encontraba sin posibilidad de dar de comer a sus canes compañeros. Y éstos crecían en número cada verano. Todos los que eran abandonados por sus amantísimos amos, encontraban cariño al lado de Emiliano. Lamentablemente, el número siempre se equilibraba por la falta de alguno de ellos. La ausencia de higiene y de cuidados veterinarios se encargaba de impedir que el número creciera demasiado.

A primeras horas de la mañana, era frecuente ver a Emiliano durmiendo en un rincón de la calle, rodeado de sus amigos para los que nunca faltaba una raída manta aunque él dejara que su cuerpo descansara directamente sobre el suelo.

Su conversación, siempre instruida y atenta, hacía que contara con la simpatía y la generosidad de los que habitualmente pasaban a diario por su lado. Esto era lo que le permitía sobrevivir.

Y aquella noche de finales de Diciembre, en plenas vacaciones Navideñas, el aire congelaba el aliento. Aparecían las calles desiertas y, aquellos a los que alguna necesidad les hacía salir de sus casas, caminaban apresurados y prácticamente enfundados hasta los ojos. Incluso las bombillas de colores, y su misión de aportar ambiente Navideño a las calles, parecían haber sido vencidas por la gélida noche y ofrecían una luz tenue, pobre, fría también. Algunas, incluso, habían decidido dejar de brillar para siempre. Y mostraban unas figuras Navideñas imposibles, truncadas, deshechas.

De vuelta a casa, pasé a su lado. Sus amigos los perros habían sido cuidadosamente tapados con mantas compartidas, y se apretaban unos contra otros intentando transmitirse un calor que no tenían. A sus ojos abiertos no acudía el sueño. El frío y el hambre no son buenos compañeros de los sueños. A su lado, Emiliano frotaba con energía sus manos. Siempre se había negado a acudir a pasar la noche al refugio donde los Servicios Sociales Municipales le ofrecían cama y comida. Le habrían requisado a sus amigos, los habrían enviado a la perrera municipal. Y él nunca consentiría eso, ellos no estaban abandonados, le tenían a él.

Contestó a mi saludo deseándome buenas noches. Agradeció, como siempre atento sin servilismos, la moneda que habitualmente depositaba en su mano de uñas largas y negras y de piel cubierta de una suciedad acumulada de varias fechas (lavarse las manos en una fuente de la calle en pleno invierno, no es precisamente un placer). Sus amigos sólo me siguieron con la mirada.

También yo le deseé buenas noches y proseguí con prisa mi camino. Y de repente, oír mi voz expresando ese deseo a alguien en aquellas condiciones, removió algo dentro de mí, del corazón, de mi mente ya acostumbrada a ver feliz a Emiliano en cualquier situación. ¿Era mi moneda habitual la forma de tranquilizar mi conciencia por la parte de responsabilidad que me tocara en la situación de todos los Emilianos?. Pero aquel mi expresado deseo de "buenas noches" me sonó tan banal, que era demasiado incluso para mi conciencia, acomodada y posiblemente poco autoexigente.

Desvié mi trayecto y entré en uno de esos supermercados de horario nocturno. Llené sendas bolsas con algo de embutido, de pan, leche, de alguna chuchería y... también de un poco de vino que aportara calor. En la otra bolsa puse suficiente número de latas con comida para perros y caminé contenta al encuentro de Emiliano. Seguía en el mismo lugar, seguía frotándose enérgicamente las manos.

Satisfecha, le entregué las bolsas y, tratando de evitar el tono grave que en ese momento se empeñaba en ensombrecer mi voz, "por si aún no habéis cenado" le dije con premeditada jovialidad intentando no herir su dignidad.

Emiliano me miró -gracias- dijo, y sonrió, sólo sonrió. Rápidamente se puso a rebuscar en las bolsas, poniendo hacia un lado, sin hacerle caso, cada artículo de comida que encontraba dentro. Así hasta que tocó el turno a aquélla en que estaban las latas para los canes. Me miró y sonrió de nuevo, con abierta sonrisa esta vez. "Gracias" -repitió- "habría sido suficiente con esto, yo estoy bien". Y se volvió, ya ignorándome, con prisa por preparar a sus expectantes amigos la ansiada comida.

Y ahora, ya no fui capaz de expresarle otro "buenas noches". Solo me encaminé de nuevo a mi casa, donde me esperaba el calor. El del cariño de mi familia, el de la calefacción de la casa, el de la sopa de mi cena, el de la música Navideña de aquellos niños vestidos de pastorcitos que cantaban esa noche en la televisión. De repente aprecié todo cuanto poseía y supe, como nunca, lo superficiales que eran mis sensaciones de necesidad.

Pero Emiliano me había enseñado. Y aprendí que yo carecía de dones en los que él era inmensamente rico: su capacidad para ser feliz sin nada, su sentido de la amistad anteponiendo las necesidades de sus amigos a las suyas propias, su espíritu libre sin calendarios ni relojes que vienen a recordarte fechas, horas...

Y mi calendario, inmisericorde, se empeñó en recordarme que era Navidad, pero que existen en el año 365 noches...

miércoles, 9 de diciembre de 2009

SE TOMÓ 14 AÑOS PARA HACER UN TÚNEL


Un hombre dedicó 14 años a hacer un túnel a través de la montaña equipado con una maza y un cortafierro.

Ramchandra Das, de Bihar, India, se tomó el trabajo de hacer un túnel de 4 metros de ancho a través de la piedra porque quería estacionar su camión en la puerta de la casa y la montaña interfería. "Tenía que dejar mi camión a kilómetros así que decidí hacer algo por mi propia cuenta", explicó el hombre de 53 años.

Das tenía miedo de que le robaran su vehículo ya que no podía dejarlo a la vista. Pidió ayuda a las autoridades locales pero jamás la consiguió. Los vecinos de la zona, que debían recorrer kilómetros para circundar la montaña, están agradecidos con Das. "Difícilmente uno se encuentra con alguien capaz de trabajar tan duro para conseguir lo que quiere", comentó Prabhat Kumar Jha, empleado gubernamental.

domingo, 6 de diciembre de 2009

INDIGENTE SATELITAL




Una mujer indigente se creó una casilla de lujo en la que tiene televisión satelital y ducha solar.

Sharon Simpson vivió en un rincón de la rotonda de Pentagon Island, en Derby, Reino Unido, por cinco meses sin que nadie notara su presencia. La madre de siete empezó por ubicarse donde pudo en una carpa en la que entraba ella sola. Actualmente su tienda tiene TV, reproductor de DVD, estufa y una ducha que se calienta con energía solar.

"La basura de unos es el tesoro de otros", explicó la señora Simpson. Tomando aquello que otros descartaban, reparando algunas cosas y muniéndose de baterías de autos que un amigo le recarga pudo equipar su casa con todo tipo de comodidades.

La mujer, sin embargo, debió mudarse cuando perdió la privacidad que le daban los arbustos circundantes. Con la llegada de las bajas temperaturas se cayeron todas las hojas y quedó muy expuesta. Así que se fue a vivir con su hermana a un departamento.

CUENTO: LA NAVIDAD Y EL INCREDULO



Erase una vez un hombre que no creía en Dios.
No tenía reparos en decir lo que pensaba de la religión y las festividades religiosas, como la Navidad. Su mujer, en cambio, era creyente a pesar de los comentarios desdeñosos de su marido.
Una Nochebuena en que estaba nevando, la esposa se disponía a llevar a los hijos al oficio navideño de la parroquia de la localidad agrícola donde vivían.
Le pidió al marido que los acompañara, pero él se negó.
-¡Qué tonterías! -arguyó-.
¿Por qué Dios se iba a rebajar a descender a la tierra adoptando la forma de hombre? ¡Qué ridículez!

Los niños y la esposa se marcharon y él se quedó en casa.
Un rato después, los vientos empezaron a soplar con mayor intensidad y se desató una ventisca.
Observando por la ventana, todo lo que aquel hombre veía era una cegadora tormenta de nieve. Y decidió relajarse sentado ante la chimenea.
Al cabo de un rato, oyó un golpazo; algo había golpeado la ventana.
Luego, oyó un segundo golpe fuerte.
Miró hacia afuera, pero no logró ver a más de unos pocos metros de distancia.
Cuando empezó a amainar la nevada, se aventuró a salir para averiguar qué había golpeado la ventana.

En un campo cercano descubrió una bandada de gansos salvajes.
Por lo visto iban camino al sur para pasar allí el invierno, y se vieron sorprendidos por la tormenta de nieve y no pudieron seguir. Perdidos, terminaron en aquella finca sin alimento ni abrigo.
Daban aletazos y volaban bajo en círculos por el campo, cegados por la borrasca, sin seguir un rumbo fijo.
El agricultor dedujo que un par de aquellas aves habían chocado con su ventana. Sintió lástima de los gansos y quiso ayudarlos.
-Sería ideal que se quedaran en el granero -pensó-.
Ahí estarán al abrigo y a salvo durante la noche mientras pasa la tormenta.

Dirigiéndose al establo, abrió las puertas de par en par.
Luego, observó y aguardó, con la esperanza de que las aves advirtieran que estaba abierto y entraran.
Los gansos, no obstante, se limitaron a revolotear dando vueltas.
No parecía que se hubieran dado cuenta siquiera de la existencia del granero y de lo que podría significar en sus circunstancias.
El hombre intentó llamar la atención de las aves, pero solo consiguió asustarlas y que se alejaran más.

Entró a la casa y salió con algo de pan. Lo fue partiendo en pedazos y dejando un rastro hasta el establo. Sin embargo, los gansos no entendieron.
El hombre empezó a sentir frustración.
Corrió tras ellos tratando de ahuyentarlos en dirección al granero.
Lo único que consiguió fue asustarlos más y que se dispersaran en todas direcciones menos hacia el granero.
Por mucho que lo intentara, no conseguía que entraran al granero, donde estarían abrigados y seguros.
-¿Por qué no me seguirán? -exclamó-
¿Es que no se dan cuenta de que ese es el único sitio donde podrán sobrevivir a la nevasca?

Reflexionando por unos instantes, cayó en la cuenta de que las aves no seguirían a un ser humano.
-Si yo fuera uno de ellos, entonces sí que podría salvarlos -dijo pensando en voz alta.
Seguidamente, se le ocurrió una idea.

Entró al establo, agarró un ganso doméstico de su propiedad y lo llevó en brazos, paseándolo entre sus congéneres salvajes. A continuación, lo soltó.
Su ganso voló entre los demás y se fue directamente al interior del establo. Una por una, las otras aves lo siguieron hasta que todas estuvieron a salvo.
El campesino se quedó en silencio por un momento, mientras las palabras que había pronunciado hacía unos instantes aún le resonaban en la cabeza:
-Si yo fuera uno de ellos, ¡entonces sí que podría salvarlos!
Reflexionó luego en lo que le había dicho a su mujer aquel día:-
¿Por qué iba Dios a querer ser como nosotros? ¡Qué ridiculez!
De pronto, todo empezó a cobrar sentido.
Entendió que eso era precisamente lo que había hecho Dios.
Diríase que nosotros éramos como aquellos gansos: estábamos ciegos, perdidos y a punto de perecer.
Dios se volvió como nosotros a fin de indicarnos el camino y, por consiguiente, salvarnos.

El agricultor llegó a la conclusión de que ese había sido ni más ni menos el objeto de la Natividad.
Cuando amainaron los vientos y cesó la cegadora nevasca, su alma quedó en quietud y meditó en tan maravillosa idea.
De pronto comprendió el sentido de la Navidad y por qué había venido Jesús a la Tierra.

Junto con aquella tormenta pasajera, se disiparon años de incredulidad.
Hincándose de rodillas en la nieve, elevó su primera plegaria:
“¡Gracias, Señor, por venir en forma humana a sacarme de la tormenta!”

QUE LA LUZ DESPIERTE EN TODOS LOS SERES QUE AUN VIVEN EN LA CEGUERA, PARA QUE EN SUS ALMAS ANIDE LA FE Y LA LUZ DE NUESTRO FIEL Y LEAL CREADOR…… QUE SIEMPRE NOS ESPERA…

QUE VUESTRA NAVIDAD SEA DESDE HOY TODOS LOS DÍAS IGUAL PUES VUESTRO CRISTO INTERNO VIVIRÁ BELLO HERMOSO Y LLENO DE FERTILIDAD, DE VOSOTROS DEPENDE EL COMPROMISO DE DAR VIDA TODOS LOS DÍAS HASTA EL FIN DE LOS FINES….

MATERIAL TOMADO DE LA WEB
DESCONOZCO SU AUTOR

viernes, 4 de diciembre de 2009

DESDE LOS AFECTOS


¿Cómo hacerte saber que siempre hay tiempo? Que uno sólo tiene que buscarlo y dárselo. Que nadie establece normas salvo la vida.

Que la vida sin ciertas normas pierde forma. Que la forma no se pierde con abrirnos. Que abrirnos no es amar indiscriminadamente. Que no está prohibido amar. Que también se puede odiar.

Que el odio y el amor son afectos. Que la agresión porque sí, hiere mucho. Que las heridas se cierran. Que las puertas no deben cerrarse. Que la mayor puerta es el afecto. Que los afectos nos definen. Que definirse no es remar contra la corriente. Que no cuanto más fuerte se hace el trazo más se dibuja.

Que buscar un equilibrio no implica ser tibio. Que negar palabras implica abrir distancias. Que encontrarse es muy hermoso. Que el sexo forma parte de lo hermoso de la vida. Que la vida parte del sexo. Que el "por qué" de los niños tiene un por qué. Que querer saber de alguien no es sólo curiosidad. Que querer saber todo de todos es curiosidad malsana.

Que nunca está de más agradecer. Que la autodeterminación no es hacer las cosas solo. Que nadie quiere estar solo. Que para no estar solo hay que dar. Que para dar debimos recibir antes. Que para que nos den también hay que saber como pedir. Que saber pedir no es regalarse. Que regalarse es en definitiva no quererse. Que para que nos quieran debemos demostrar qué somos.

Que para que alguien sea hay que ayudarlo. Que ayudar es poder alentar y apoyar. Que adular no es ayudar. Que adular es tan pernicioso como dar vuelta la cara. Que las cosas cara a cara son honestas. Que nadie es honesto porque no roba. Que el que roba no es ladrón por placer. Que cuando no hay placer en las cosas no se está viviendo. Que para sentir la vida no hay que olvidarse que existe la muerte. Que se puede estar muerto en vida. Que se siente con el cuerpo y la mente.

Que con los oídos se escucha. Que cuesta ser sensible y no herirse. Que herirse no es desangrarse. Que para no ser heridos levantamos muros. Que quien siembra muros no recoge nada. Que casi todos somos albañiles de muros. Que sería mejor construir puentes. Que sobre ellos se va a la otra orilla y también se vuelve. Que volver no implica retroceder. Que retroceder también puede ser avanzar. Que no por mucho avanzar se amanece cerca del sol.

Cómo hacerte saber que nadie establece normas salvo la vida.

Mario Benedetti

TU CREENCIA ES LO QUE DETERMINA TU EXPERIENCIA


Como Ser ya Eres, no intentes llegar a ser lo que ya eres, lo importante para ti hoy es tu creencia, que crees que eres; porque tu creencia determina tu experiencia, tu realidad; tú estás en el sitio en que se encuentra tu Consciencia, porque tu Consciencia es tu creencia de lo crees ser y lo que te rodea. De tal manera que si no cambias tu concepto de ti como creencia en relación a tu Ser, no cambia tu experiencia; te vas a pasar aquí, en este “mundo de ilusiones”.

Cambia tu creencia, y dite a ti mismo: “no soy lo que creo ser” (en el sentido de personalidad, de creer que eres culpable, que tienes miedo, que estás solo). No soy lo que pienso de mí (si piensas que tienes mil defectos, problemas, o enfermedades). No soy lo que pienso de los demás, (en relación a los conceptos que las personas tienen de ti, incluso los buenos conceptos, cuando las personas te dicen: eres malo, no mereces tener esto, tu estas equivocado, etc.); tan solo soy el Hijo de Dios” (el Hijo de Dios es bondad, amor, paz, armonía, honestidad, etc. Todas las características que tú le observas a quien consideras Hijo de Dios, (de acuerdo a tu concepto a ese respecto)

Y ahora te invito a que observes que tú tienes muchas de ellas, reconoce que tú tienes semejanza con el ser al que le profesas fe, y poco a poco verás, que conforme dejes de poner atención y creer que eres lo que tú mismo criticas o señalas y describes de ti, lo que los demás piensan de ti, en la medida que dejes de creer que eres eso, en esa medida descubres realmente quién eres: el Hijo de Dios.

Este cambio de pensamiento hace que este mundo, que es una pantalla mental donde proyectamos nuestras imágenes mentales y funcionales, se nos devuelven; si cambias eso, si cambias tu mente, las imágenes por supuesto cambian; pero si no lo cambiamos porque justificamos que “eso sí está ahí”, se sigue repitiendo, y es tu creencia, no la situación, y por supuesto que el mundo te devuelve la imagen que tú estás creyendo que tiene el mundo de ti, porque así lo has proyectado.

Lo importante ahorita es que tú cambies el concepto que tienes de ti, la creencia que tienes de ti, porque como Ser no le puedes añadir ni quitar nada, YA ERES.

Tu creencia determina tu experiencia… y ahora pregúntate: ¿Qué estoy creyendo? ¿Qué conceptos tengo de mí, del mundo?

Cambia de idea, y cambiará tu mundo.

TUS SUEÑOS



Hace algunos días, mientras buscaba ciertas cosas, encontré un
pequeño baúl en donde alguna vez guardé mis sueños; lo abrí y me
sorprendí. Ahí estaba mi sueño de terminar una carrera y titularme,
también estaba mi sueño de viajar y conocer todo el mundo, ganar
mucho dinero con un negocio propio era otro sueño.

No podía faltar el sueño de compartir mi vida con esa persona tan
linda que algún día conocí, tampoco faltó el sueño de tener muchos
amigos y ser reconocido en todos lados. Tantos y tantos sueños que
por alguna razón no los pude realizar, por mi falta de decisión el
tiempo se los comió.

No sé cuáles sean hoy tus sueños, pero lucha por ellos, y nunca
permitas que tus sueños del futuro queden sólo como recuerdos del
pasado.