viernes, 16 de noviembre de 2012

LA MUERTE DE MERLIN (CUENTO)



Cuando merlín vio a Nínive, la doncella que sir Pellinore había traído a la corte, supo que se encontraba con su destino, pues en su pecho de anciano el corazón brincó como el corazón de un mozo y su deseo se impuso a la edad y la sabiduría. Merlín deseó a Nínive más que a la vida, tal como lo había previsto, y la acosó sin darle reposo. Y Nínive, usando de sus poderes sobre este merlín imbécil izado por la vejez, ofreció su compañía a cambio de las artes del mago, pues era una de las doncellas de la dama del lago y gustaba de los prodigios.

Merlín no ignoraba la verdad de los hechos y conocía la fatídica culminación, pero su corazón enloquecía por la doncella del lago y nada podía hacer por evitarlo.

Fue al rey Arturo y le manifestó que era llegada la hora que una vez había predicho, pues su fin no estaba muy lejos. Le habló al rey sobre cosas futuras y le dio instrucciones sobre cómo afrontar el porvenir. Y ante todo le advirtió que cuidara con afán de la espada Excalibur y más aún de la vaina de la espada.

-te la sustraerá alguien en quien confías -dijo merlín-. Tienes enemigos que no conoces. -y sentenció-: me echarás de menos. Vendrá el tiempo cuando querrás dar tu reino por tenerme contigo.

-esto es incomprensible -dijo el rey-. Eres el hombre más sabio de este mundo y sabes lo que está por ocurrirte. ¿Por qué no elaboras un plan para ponerte a salvo?

-porque soy sabio -respondió merlín con serenidad-. En la lid entre la sabiduría y los sentimientos, la sabiduría nunca triunfa. Te he predicho el futuro con certeza, mi señor, pero no por saberlo podrás cambiarlo siquiera en el grosor de un cabello. Cuando legue la hora, tus sentimientos te precipitarán a tu destino. -y merlín se despidió del rey que él mismo había creado.

Se alejó de la corte en compañía de Nínive, y adondequiera que ella iba, él la seguía. Sabiendo el poder que ejercía sobre el anciano, la doncella rehusaba concederle sus favores, y merlín, devorado por la ansiedad, invocaba sus artes mágicas para vencer esa resistencia. Pero Nínive sabía que él apelaría a sus artes secretas y le dijo que si deseaba poseerla debía jurar que no utilizaría la nigromancia con esos fines. Y merlín, con su vejez consumida por el deseo, hizo ese juramento y selló su destino.

La mal avenida pareja iba incesantemente de un lado a otro. Cruzaron el canal, hacia Francia y llegaron a Benwick, donde reinaba Ban y aún proseguía la guerra contra el rey Claudas.

La esposa del rey Ban era la reina Elaine, una dama bella y discreta, quien le suplicó a merlín que los ayudara a terminar la guerra. Y mientras hablaban, entró el joven hijo de Elaine y merlín lo miró atentamente.

-no te preocupes -dijo merlín-. Este muchacho derrotará a Claudas dentro de veinte años y, lo que es más, tu hijo está destinado a ser el caballero más grande del mundo, y su fama y su memoria endulzarán y confortarán a los siglos venideros. Sé que primero lo llamaste Galahad, pero al bautizarlo lo llamaste Lanzarote.

-sí, es verdad -dijo la reina Elaine-. Primero lo llamé Galahad. Pero dime, merlín, ¿viviré para ser testigo de esa grandeza?

-te aseguro que sí, y aún después vivirás durante muchos años más.

Nínive, incitada por el tedio y el desasosiego, abandonó la corte de Ban perseguida por merlín, quien le imploraba que yaciera con él y aplacara su deseo, pero ella estaba harta de su compañía y cansada de tolerar a un viejo. Además merlín la intimidaba, pues tenía fama de ser hijo del diablo. Pero no podía librarse de él, pues merlín, con súplicas y gemidos, la seguía a donde quiera que fuese.

Entonces Nínive, con la innata astucia de las doncellas, empezó a interrogar a merlín acerca de sus artes mágicas, insinuándole que le daría sus favores a cambio del conocimiento. Y merlín, con la innata desazón de los hombres, no pudo evitar iniciarla en sus arcanos a pesar de que preveía sus intenciones. Y cuando regresaron a Inglaterra y cabalgaron lentamente por la costa rumbo a Comualles, merlín le mostró innúmeros maravillas, y cuando le pareció que al fin despertaba el interés de Nínive, le reveló cómo obrar prodigios y puso en sus manos los instrumentos para el sortilegio, le suministró los antídotos mágicos contra la magia, y por último, en su Noñez  le enseñó los hechizos que no pueden quebrarse por ningún medio. Y como ella batía las palmas con juvenil alegría, el anciano, para complacerla, creó un aposento colmado de increíbles maravillas bajo un enorme peñasco, y con sus artes lo proveyó de comodidades, riquezas y hermosuras, para hacer de ese lugar el magnífico recinto que presenciara la consumación de su amor. Y los dos se internaron por un pasaje en la roca y entraron al cuarto de las maravillas, revestido de oro e iluminado por muchas velas. Merlín se adelantó para mostrárselo a su amada, pero Nínive retrocedió y obró el espantoso encantamiento que no puede quebrarse por ningún medio, y el pasaje se cerró y merlín quedó atrapado para siempre, clamando a través de la roca por su liberación, con voz apenas perceptible. Y Nínive montó a caballo y se alejó. Y merlín sigue encerrado allí hasta el día de hoy, pues todo se cumplió tal como él lo había previsto.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

COMO EVITAR QUE TU PERRO MUERDA LAS COSAS


A veces tenemos que lidiar con las mordidas de nuestro perro, que más allá de los objetos que tiene para tal fin, termina mordiendo objetos de la casa causándonos disgustos y pérdidas de dinero. Es posible que también nuestro perro no haya aprendido aún a controlar la mordida y nos haga daño cuando jugamos con el. Hemos preparado algunos tips que te pueden ayudar:
Llámale la atención: Es importante que justo en el momento en que observemos que nuestro perro está mordiendo algo que no debe, le llamemos la atención. ¿Cómo? Con un firme “shhh” o con los 5 dedos juntos darle un toque de atención debajo del cuello. De esta forma le podremos ir enseñando que ese comportamiento está mal.
Sustituye los objetos indebidos por juguetes: En el momento en que esté mordiendo algo que no debe, aparte de llamarle la atención, debemos coger uno de sus juguetes y ponérselo en la boca de forma que poco a poco vaya entendiendo lo que es permisible y lo que no es permisible morder.
Mantenerlo activo: En muchas ocasiones, las mordeduras son un acto de rebeldía que deja en evidencia que nuestro amigo necesita aventuras. Debemos plantearnos si nuestro perro está recibiendo las dosis de ejercicio que debería. Aparte de sacarle a la calle a hacer popó y pipi también debemos permitirle que juegue y corra durante un buen rato para que pueda mantenerse en forma y con un estado de ánimo equilibrado.

domingo, 11 de noviembre de 2012

OBLIGAN A CONDUCTORA IMPRUDENTE A USAR UN CARTEL DE "IDIOTA"



La mujer había transitado por la acera con su auto.

La Corte Municipal de Cleveland ha ordenado que una mujer de 32 años, deba parada en una esquina de su ciudad usando un cartel con la leyenda "idiota" por haber realizado una maniobra imprudente con su vehículo.

Shena Hardin fue capturada por cámaras de vigilancia conduciendo por la acera para evitar esperar detrás de un autobús escolar.

El Juez ordenó que Hardin utilice el cartel, cuyo mensaje completo dice "Sólo los idiotas conducen por la acerca para evitar un autobús escolar", durante dos días de la semana, de 7.45 a 8.45. Además, la licencia de conducir de Hardin ha sido suspendida por 30 días y deberá pagar una multa de 250 dólares.

VIVIR



Vivir, es vibrar a cada instante, ante la emoción de percibir
la maravilla de la creación que nos rodea.
Vivir, es entender que cada minuto que transcurre no volverá.
Es atraparlo intensamente, porque forma parte del tiempo,
que sabemos ha quedado en el ayer.
Vivir, es saber dar lo mejor de nosotros, es vibrar en la bondad,
y llevar a su máxima expresión, nuestra capacidad de ser.
Vivir, es gozar los momentos bellos
y desafiarse a sí mismo ante las adversidades.
Vivir, es aprender más cada día, es evolucionar y cambiar
para hacer de nosotros un ser mejor que ayer,
un ser que justifica su existir.
Vivir, es amar intensamente a través de una caricia,
es escuchar en silencio la palabra del ser amado.
Es perdonar sin réplica una ofensa es aspirar la presencia del otro,
es besar con pasión a quien nos ama.
Vivir, es contemplar apaciblemente, la alegría de un niño,
escuchar al adolescente aceptando sus inquietudes sin protestar.
acompañar con gratitud la ancianidad en su soledad.
Vivir, es comprender al amigo ante la adversidad y aunque
se tenga mil argumentos para contradecirlo o justificarlo,
finalmente sólo escucharlo, es tener la capacidad de
regocijarme ante sus triunfos y su realización.
Vivir, es sentir que nuestro existir no fue en vano
y en la medida en que nos atrevamos a dar lo mejor de nosotros
en cada momento, logremos manifestar
la grandeza de nuestra alma para amar.
Vivir, es permanecer en paz ante la presencia de Dios,
contemplando en silencio la inmensidad de su Ser.
Vivir, es vibrar y sentir, es amar y gozar,
es observar y superar, es dar y aceptar,
es ser y permanecer, es comprender que nuestro tiempo
es lo único que poseemos para realizar plenamente nuestro ser.

Desconozco su autor

jueves, 8 de noviembre de 2012

DESATARNOS


Cuentan que una vez una expedición que iba a darle la vuelta al mundo en globo, se vio atrapada en un cúmulo de nubes a 6000 metros de altura, nubes tan espesas y extensas que el globo se empezó a cubrir de escarcha.
Esto hacía que perdieran peso rápidamente y la única forma de salir de allí era poder salir por encima de las nubes para que el sol deshiciera la escarcha y que ahí el otro globo les asistiera.
Pero descendían rápidamente, empezaron entonces a tirar las cámaras de video, el equipo la ropa y hasta los libros, hasta que finalmente se quedaron solamente con lo que andaban puesto y con su fe y oración.
El globo comenzó poco a poco a salir hasta que los rayos del sol empezaron a derretir ese hielo en el globo y pudieron ser asistidos.
Muchas veces en nuestras vidas sentimos que todo va hacia abajo, y que cada vez hay más peso que nos lleva hacia el abismo.
Jesús mandaba a sus apóstoles sin nada adicional, más que su ropa y un bastón, para enseñarles a confiar en Dios y no en lo material que tenían.
Nosotros estamos atados a dinero, comodidades, lujos, autos y casas, y por eso muchas veces sentimos que vamos hacia el vacío.
Deja todas esas cosas materiales, así como tus rencores, odios y tristezas. Confía solamente en Dios, y Él sacará tu globo a flote por encima de las nubes y su luz te librará de todas las cosas que pesaban sobre tu vida.
Sigue adelante. ¡No desmayes y confía!
Autor: Arturo Quirós Lépiz

martes, 6 de noviembre de 2012

LA PRINCESA SACRIFICADA. (leyenda azteca)



Acercándonos a los tiempos semihistoricos, nos encontramos con una gran variedad de leyendas íntimamente conectadas con la primitiva historia de la ciudad de México.
La mayoría de estas tienen un carácter misterioso y pesimista y arrojan mucha luz sobre el oscuro fanatismo de una gente que podía inmolar a sus hijos sobre los altares de los impecables dioses.
En una de ellas se dice como, después de que los aztecas hubieran terminado la edificación de la ciudad de México, levantaron un altar a su dios de la guerra huitzilopochtli.
En general, las vidas entregadas a estas deidades, casi todas sanguinarias, fueron de los prisioneros de guerra, pero en épocas de calamidad pública demandaba el sacrificio de los más nobles del lugar.
En cierta ocasión, su oráculo requirió el sacrificio de una princesa real ante el altar mayor. El rey azteca, no poseyendo hijas propias o bien no entrando en sus cálculos el hecho de sacrificarlas, envío una embajada a visitar al monarca de colhuacan para pedir que una de sus varias hijas ocupara el trono de la madre simbólica de huiztzilopochitli.
El rey colhuaca, no sospechando nada raro y altamente halagado por dicha distinción, entrego a la chica, quien fue escoltada hasta México, donde fue sacrificada con mucha pompa, siendo su piel desollada para vestir el sacerdote que representaba a la deidad en la fiesta.
El infeliz padre fue invitado a esta horrible orgia, aparentemente para presenciar la deificación de su hija.
En los tenebrosos aposentos del templo del dios de la guerra el fue al principio incapaz de advertir el curso del horrible ritual. Pero dándole una antorcha de goma de copal, vio al sacerdote oficiante vestido con la piel de su hija, recibiendo el homenaje de los fieles.
Reconociendo los rasgos de su hija, enloqueció de aflicción y horror, huyendo destrozado del templo, para pasar el resto de sus días enlutado por el asesinato de su hija.

domingo, 4 de noviembre de 2012

LA TORTUGA DEL PESCADOR URASHIMA Y SU VISITA AL FONDO DEL MAR



Urashima vivió, hace cientos y cientos de años, en una de las islas situadas al oeste del archipiélago japonés. Era el único hijo de un matrimonio de pescadores. Una red y una barquichuela constituían toda su fortuna. Sin embargo, el matrimonio veía compensada su pobreza con la bondad de su hijo urashima.
Y sucedió que cierto día el muchacho caminaba por una de las calles de la aldea, cuando de pronto vió a unos cuantos chiquillos que maltrataban a una enorme tortuga. De seguir de aquel modo mucho tiempo, hubieran acabado por matarla, y urashima decidió impedirlo. Se dirigió a los chicos, y, reprendiéndoles por su mala acción, les quitó la tortuga. Cuando la tuvo en sus manos, pensó dejarla en libertad, y para ello fué hacer la playa. Una vez allí, la llevó a la orilla y la dejó en el mar. Vió cómo la tortuga se alejaba poco a poco, y cuando la perdió de vista, urashima regresó a su casa. Sentía una gran satisfacción por haber librado al animal de sus pequeños verdugos.
Transcurrió algún tiempo desde aquel día. Una mañana, el muchacho se fué a pescar. Tomó el camino que conducía a la playa y cuando llegó puso la barca en el agua, montó en ella y remó hacia dentro. Llevaba largo rato remando y perdió de vista la orilla; decidió echar al agua su red, y cuando tiró para sacarla hacia fuera, notó que le pesaba más que de costumbre. Logró subirla, y con gran sorpresa vió que dentro de la red estaba la tortuga que él mismo echó en el mar, la cual, dirigiéndose a él, le dijo que el rey de los mares, que había visto su buen corazón, la enviaba para conducirle a su palacio y casarle con su hija, la princesa otohime. A urashima le entusiasmaban las aventuras y accedió muy gustoso. Juntos se fueron mar adentro, hasta que llegaron a riugú, la ciudad del reino del mar. Era maravillosa. Sus casas eran de esmeralda y los tejidos de oro; el suelo estaba cubierto de perlas y grandes árboles de coral daban sombra en los jardines; sus hojas eran de nácar y sus frutos de las más bellas pedrerís. Hacia los asombrados ojos de urashima avanzaba una hermosísima doncella: era otohime, la hija del rey del mar. Le recibió como a un esposo y juntos vivieron varios días en una completa felicidad. Todos colmaban al pescador de todo género de atenciones, y entre tanta delicia, urashima no sintió que el tiempo pasaba. No podía precisar desde cuándo estaba allí. ¿para qué había de saberlo? No debía importarle. La vida en aquel lugar maravilloso le parecía inmejorable; nunca pudo soñar nada semejante.
Pero sucedió que un día se acordó de sus padres. ¿qué sería de ellos? Sin duda sufrirían mucho sin saber lo que había sido de él. Y desde aquel momento la tristeza se apoderó de todo su ser. Nada lograba distraerle; ya no encontraba aquel lugar tan encantador y hasta le pareció menos bello. Sólo deseaba una cosa: volver junto a sus queridos padres. Y así se lo comunicó una mañana a su esposa, cuando ésta procuraba por todos los medios averiguar la causa de su pena. Al decirle urashima lo que quería, otohime se entristeció; procuró convencerle de que se quedara junto a ella, pero nada logró. El pescador estaba firme en su propósito. Así, pues, prometió volverle a la aldea, y con un lucido cortejo le acompañó hasta la playa. Cuando al fin llegaron, la princesa entregó a urashima una pequeña caja de laca, atada con un cordón de seda. Le recomendó que, si quería volver a verla, nunca la abriese. Después se despidió de él y con su acompañamiento se internó en el mar.
Pronto urashima la perdió de vista. Con la cajita en sus manos, miraba fijamente a las aguas. Así estuvo algún tiempo; después recorrió la playa. De nuevo estaba en su pueblecito. Las mismas arenas, las rocas de siempre, el mismo sitio donde de pequeño tantas veces había ido a jugar; le parecía que su vida en la cuidad del mar había sido un sueño. Qué lejos todo aquello! Entonces encaminó sus pasos hacia su casa; pero cuando entró en la aldea no supo por dónde tirar. La encontraba completamente cambiada: no la reconocía. Las casas eran m´s grandes; tejados de pizarra habían sustituido a los que él vió de paja. La gente se vestía con vistosos quimonos bordados. Parecía otro lugar. Y, sin embargo, era su pueblo; estaba seguro. La misma playa, las mismasmontañas. Sólo las casas y la gente habían cambiado.
Entonces decidió preguntar a unos muchachos en dónde se encontraba la casa del pescador urashima, supuso que éste era también el nombre de su padre. Los muchachos no supieron responderle; no conocían a tal pescador. Entró en un comercio e hizo igual pregunta al dueño; pero le dijo lo mismo que los chicos: nunca había oído hablar de tal pescador, y eso que creía conocer a todo el pueblo. En esto acertó a pasar por allí un hombre que debía de tener muchos años, a juzgar por su apariencia. Era conocido por saber mil historietas antiguas del pueblo y conocer las vidas de sus antiguos habitantes. Urashima se dirigió a él, por indicacion del dueño de la tienda y le preguntó dónde estaba la casa del pescador urashima. El viejo no contestó; se quedó un momento pensativo, y al cabo de un rato dijo que casi lo había olvidado, porque habían pasado más de cien años desde que murió el matrimonio. Su único hijo deciín que un día salió a pescar, y a partir de entonces nadie volvió a saber lo que le sucedió. Urashima empezó a comprender: mientras vivió en la ciudad del mar había perdido la noción del tiempo. Lo que le habían parecido sólo unos cuantos días habían sido más de cien años.
No supo qué hacer; se encontraba completamente solo en un pueblo que, aunque era el suyo, le era absolutamente extraño. Entonces se dirigió a la playa; puesto que había perdido a sus padres, volvería con la princesa otohime. Pero ¿cómo llegar a ella? En su precipitación por ver a sus padres, olvidó, cuando se despidieron, preguntarle de qué medio se valdría para volver a verla. De pronto, recordó la cajita que tenía entre sus manos; se olvidó de que no debía abrirla, y pensó que, haciéndolo, quizá pudiera ir junto a otohime.
Desató sus cordones y la destapó. Al instante salió de ella una nubecilla que se fué elevando, elevando, hasta perderse de vista. En vano urashima intentó alcanzarla. Entonces recordó la recomendación de la princesa; su atolondramiento le había perdido. Ya no volvería a verla. De pronto sintió que sus fuerzas le abandonaban, sus cabellos encanecían, innumerables arrugas surcaron su piel; su corazón cesó de latir, y, al fin, cayó al suelo. Cuando a la mañana siguiente fueron los muchachos a bañarse, vieron tendido en la arena a un hombre decrépito, sin vida. Era urashima que había muerto de viejo.
Todavía hoy algunos pescadores de ciertos pueblos del japón cuentan a sus hijos, para que no sean distraídos, la leyenda del pescador urashima.