martes, 17 de noviembre de 2009

LE PEDÍ A DIOS...




Le pedi a Dios, estar en primera fila…
Él me colocó en el último lugar, para que conociera la paciencia y
humildad.
Le pedí ser el centro del mundo…
Él me enseñó que la vanidad me aparta del centro de cualquier cosa.
Le pedí a Dios fama y gloria, pero…
Él me concedió sencillez y comprensión, para que mi ego no fuera a
herir a los demás.
Le pedí a Dios un auto que viajara veloz…
Él me concedió un paso firme por el sendero correcto, para que no
atropellara mis sentimientos.
Le pedí a Dios tener una mansión pero…
Él me dio una pequeña casa, llena de ternura y amor.
Le pedí poseer dinero para tener muchos amigos, pero…
Él me concedió algo mejor; me ofreció su amistad, no a cambio de mi
dinero, sino de mi sinceridad.
Le pedí poseer mucha belleza y sin embargo…
Él me dio sensibilidad y belleza espiritual, para que no me sintiera
más que los demás.
Le pedí a Dios ser siempre feliz, pero…
Él me hizo conocer la tristeza, para que comprendiera que la vida no
sólo está compuesta de cosas bellas y para que tuviera compasión por
el sufrimiento de los demás.
Le pedí a Dios un carácter fuerte, pero…
Él me concedió un corazón blando y un carácter pasivo, para que
pudiera amar y ayudar a los demás.
Le pedí tener el mundo a mis pies, pero…
Él me hizo comprender que es mejor tener amigos en el corazón.
Por todo eso Dios mío…. nunca me concedas todo lo que te pido…
concédeme la sabiduría para aceptar lo que hasta hoy he tenido.
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