lunes, 11 de enero de 2010

INCENDIA CASA CON UNA LUPA


Un incendio en Wyoming, Estados Unidos, según la policía fue iniciado con una lupa y luz solar.

Buddy Armstrong, empleado del carrier UPS, llevaba un paquete para Thomas Guthrie, de 84 años en Dubois, Wyoming. Escuchó una alarma de incendios dentro de la vivienda así que pidió ayuda a la policía.

Armstrong y el sargento Jerry Evagelatos ingresaron a la casa y vieron que estaba totalmente tomada por el humo y las llamas. Cuando pudieron localizar el origen del incendio encontraron que un rayo de sol entraba por la ventana y era magnificado por una lupa que apuntaba justo a una pila de correspondencia.

El incendio pudo ser controlado antes de que los daños a la casa fueran totales. El señor Guthrie no estaba en su hogar cuando se produjo el fuego.

sábado, 9 de enero de 2010

LO APRESARON POR CONTESTAR


La policía decomisó seis plantas de marihuana y dejó una nota que decía "si las querés de vuelta llamá". Y el criminal llamó.

Un grupo de detectives encubiertos de Marathon, Estados Unidos, descubrió una plantación de marihuana en un terreno baldío. Retiraron las plantas y decidieron dejar -más en broma que otra cosa- una tarjeta que decía "gracias por las plantas. Si las querés de vuelta, llamá para ponernos de acuerdo en el precio".

Los policías jamás esperaron que les contestaran la nota pero diez minutos después el dueño de las plantas llamó. Rick Ramsay de la oficina del Sheriff del condado de Monroe sostuvo que "debe ser el ganador del premio nacional al criminal más estúpido".

Steven Locascio, de 48 años, negoció sus plantas de marihuana por 200 dólares. "Puso mucho trabajo y energía en esas plantas. Cada una vale más de 1.000 dólares así que probablemente pensó que era un gran negocio recuperarlas por sólo 200" explicó Ramsay.

viernes, 8 de enero de 2010

EL DIA QUE ME VOLVI INVISIBLE



"No sé a cómo estamos hoy".

En esta casa no hay calendarios y en mi memoria los hechos están hechos una maraña. Me acuerdo de aquellos calendarios grandes, unos primores ilustrados con las imágenes de los santos que colgábamos al lado del tocador, ya no hay nada de eso, todas las cosas han ido desapareciendo, y yo también me fui borrando sin que nadie se diera cuenta.
Primero me cambiaron de alcoba, pues la familia creció, después me pasaron a otra más pequeña aún, acompañada de una de mis bisnietas. Ahora ocupo el cuarto de los trebejos, el que está en el patio de atrás.

Prometieron cambiarle el vidrio roto de la ventana, pero se les olvidó, y todas las noches por allí se cuela un airecito helado que aumenta mis dolores reumáticos.
Desde hace mucho tiempo tenía intenciones de escribir, pero me he pasado semanas buscando un lápiz, y cuando al fin lo encontraba, se me olvidaba dónde lo había puesto. A mis años las cosas se pierden fácilmente.
La otra tarde me di cuenta que mi voz también había desaparecido, porque cuando le hablo a mis nietos o a mis hijos no me contestan, todos hablan sin mirarme, como si yo no estuviera con ellos escuchando atenta lo que dicen. A veces he intervenido en la conversación, segura de que lo que voy a decirles no se le ha ocurrido a ninguno y les va a servir de mucho mis consejos.

Pero no me oyen, ni me miran, y tampoco me responden; entonces llena de tristeza, me retiro a mi cuarto antes de terminar de tomar la taza de café.
Lo hago así para que comprendan que estoy enojada, para que se den cuenta que me han ofendido, y vengan a buscarme y me pidan perdón, pero nadie viene a verme.
El otro día les dije que cuando me muriera entonces sí me iban a extrañar, y el nieto más pequeño me dijo: ¿Abuela es que estás viva? Les causó tanta gracia que no paraban de reír. Estuve tres días llorando en mi cuarto, hasta que una mañana entró uno de los muchachos a sacar unas llantas viejas y ni los buenos días me dio.

Fue entonces cuando me convencí de que soy una persona invisible: me paro en medio de la sala para ver si aunque sea estorbo, pero mi hija me mira y sigue barriendo sin tocarme, y los nietos pasan corriendo de un lado a otro sin tropezar conmigo.
Cuando mi yerno se enfermó, tuve la oportunidad de serle útil; le llevé un té especial que yo misma preparé; se lo puse en la mesita y me senté a esperar que se lo tomara, sólo que estaba viendo televisión y ni un parpadeo me indicó que se daba cuenta de mi presencia; el té se fue enfriando poco a poco, mi corazón también.
Un viernes se alborotaron los niños y me vinieron a decir que al día siguiente nos iríamos todos de día de campo, me puse muy contenta, ¡hacía tanto tiempo que no salía, y menos al campo! El sábado fui la primera en levantarme, quise arreglar las cosas con calma, los viejos nos tardamos mucho en hacer cualquier cosa, así que me tomé mi tiempo para no retrasarlos. Al rato entraban y salían de la casa corriendo y echaban bolsas y juguetes al carro.

Yo ya estaba lista y muy alegre me paré en el zaguán a esperarlos. Cuando arrancaron y el auto desapareció envuelto en el bullicio, comprendí que yo no estaba invitada; tal vez porque no cabía en el auto o porque mis pasos tan lentos impedirían que todos los demás corretearan a su gusto por el bosque.
Sentí cómo mi corazón se encogió, la barbilla me temblaba como cuando uno ya no aguanta las ganas de llorar. Vivo con mi familia y cada día me hago más vieja, pero cosa curiosa, ya no cumplo años, nadie me lo recuerda, todos están tan ocupados... yo los entiendo, ellos si hacen cosas importantes: ríen, gritan, sueñan, lloran, se abrazan, y se besan.
Yo ya no sé a qué saben los besos. Antes besuqueaba a los chiquitos, era un gusto enorme el que me daba tenerlos entre mis brazos como si fueran míos, sentía su piel tiernita y su respiración dulzona muy cerca de mí, la vida nueva se me metía como un soplo y hasta me daba por cantar canciones de cuna que nunca creí recordar; pero un día mi nieta Laura que acababa de tener un bebé, me dijo que no era bueno que los ancianos besaran a los niños por cuestión de salud; entonces ya no me les acerqué más, por temor a que les pasara algo a causa de mis imprudencias. ¡Ahora siento mucho miedo de contagiarlos!

Sin embargo, aunque los quiero mucho, voy a causarles un último contratiempo; mañana que es domingo, y no están tan atareados, se encontrarán con una sorpresa: ya tengo en mis manos el frasco de pastillas que me voy a tomar y no lo voy a soltar, con eso de que todo se me pierde, lo haré en la sala para que me encuentren pronto.

¡Dios Mío... que tengan dinero para mi ataúd y que no me guarden un mal recuerdo! Yo los bendigo a todos y los perdono, porque ¿qué culpa tienen los pobres de que yo me haya vuelto invisible?
Les dejaré éste papel para que tomen sus precauciones. Con tantas cosas que se inventan hoy, estoy segura que habrá algo que puedan comprar para que siempre sean vistos y escuchados; para que el día de mañana no tengan que morirse estando muertos desde antes... como yo.
Por Lic. Martín Espinosa Cárdenas

jueves, 7 de enero de 2010

CRECER ESPIRITUALMENTE


Crecer espiritualmente es reconocer la importancia primordial que la dimensión espiritual tiene en nuestra vida y en nuestra felicidad.

Después de transitar durante mucho tiempo por caminos donde lo más importante es lo material y lo físico, y que no nos brindan la felicidad que buscamos, regresamos hacia nuestro interior para fortalecer nuestro espíritu, el cual se encuentra adormecido.

Al desarrollar nuestra dimensión espiritual, creamos sólidas bases y valores que nos permitan afrontar todo lo que nos rodea y entender todo lo que sucede en nuestra vida.

Es un trabajo de adentro hacia fuera, no al revés. Al hacerlo, nuestra salud se verá beneficiada; los senderos del amor, del éxito y de las relaciones mejorarán notablemente.

Todo esto siempre ha estado a nuestro alcance ya que no somos seres humanos que tenemos una experiencia espiritual, en realidad somos seres espirituales que tenemos una experiencia humana.

CALLAR



Callar las cualidades propias es humildad.

Callar las buenas obras del prójimo es envidia.

Callar para no herir la susceptibilidad es delicadeza.

Callar los defectos propios es prudencia.

Callar los defectos ajenos es caridad.

Callar las palabras inútiles es sabiduría.

Callar para escuchar es educación.

Callar a tiempo es discernimiento.

Callar junto al que sufre es solidaridad.

Callar cuando se ha de hablar es cobardía.

Callar ante el fuerte es sometimiento.

Callar ante el débil es magnanimidad.

Callar ante una injusticia es complicidad.

Callar cuando te humillan es andar en la verdad

Callar en los momentos de dolor es virtud

Callar ante la injuria es fortaleza.

Callar para mejor amar es santidad.

Desconozco su autor

ESCULTURA DE CERVEZA CONGELADA


La comunidad cervecera está indignada por el desperdicio de ese amargo néctar en nombre del arte.

La ciudad de Harbin en China es conocida por sus bajísimas temperaturas y por su festival de esculturas de hielo. También es célebre por ser productora de cerveza. En esta ciudad las temperaturas llegan a 30 grados bajo cero así que si uno tira un líquido al piso, el mismo se congela instantáneamente.

La compañía cervecera que lleva el nombre de la ciudad halló esta manera de promocionar su marca realizando una escultura de bebida congelada con solo verterla sobre el piso. El resultado final es sorprendente.

El Festival Internacional de Hielo de Harbin tiene además de esto otras increíbles que lo congelarán sólo con verlas.

miércoles, 6 de enero de 2010

KARAOKE MONITOREADO POR POLICÍA



En China un sistema de karaoke envía una alarma a la policía si la canción que están cantando es vulgar u obscena.

En Chongquing 176 locales de karaoke instalaron un sistema que envía a la policía una alarma en caso de que los aficionados deseen cantar una canción prohibida. La experiencia que ya se lleva a cabo en Zhengzhou pronto será extendida a toda la provincia.

El inspector del Departamento Provincial de Cultura, Wang Tianhong, explicó que las "cajas negras" se usan para monitorear canciones no autorizadas y para llevar una estadística exacta de cuántas veces se toca cada canción. Entonces, ¿por qué no eliminar las canciones en cuestión en vez de monitorearlas? Esa pregunta no tiene una respuesta clara.

“Mayormente intentamos controlar las canciones obsenas pero también otras que involucran la independencia de Taiwán u otros temas sensibles. Las librerías de música tienen más de 30.000 canciones y hay nuevas agregadas todos los días. Cuáles son sanas y cuáles no. No hay forma de saberlo en forma estandarizada", relata el inspector.

"Los consumidores no tienen por qué preocuparse. No están siendo monitoreados. Sólo los locales de música y servicios de entretenimiento".